La reina Beatriz se despidió hoy de los holandeses con un discurso televisado en el que aseguró que la elección de su esposo, el alemán Claus von Amsberg, fue su "mejor decisión", al tiempo que agradeció a sus compatriotas el apoyo en sus 33 años de reinado.

"Quizás la historia diga que la elección de mi esposo fue mi mejor decisión", dijo una Beatriz de Orange-Nassau claramente emocionada mientras hablaba de su marido, fallecido en 2002.

El vídeo con las palabras de despedida de la reina se emitió por las cadenas de televisión neerlandesas pasadas las 18.30 GMT, cuando Beatriz de Holanda ya se encontraba en el Rijksmuseum junto a los príncipes herederos, Guillermo-Alejandro y Máxima, en una cena de gala con invitados de 18 casas reales reinantes y con personalidades de instituciones del país e internacionales.

La reina, de 75 años y que mañana abdicará en su hijo Guillermo-Alejandro, mostró su agradecimiento a la población, refiriéndose a su "calor y confianza", elementos que, afirmó, le han dado fuerza en los momentos más difíciles.

Beatriz de Holanda también tuvo palabras para su nuera, Máxima Zorreguieta, a quien se refirió como un apoyo para su hijo en la futura labor de jefe de Estado.

"Que su afable Máxima, con su gran corazón y su sentimiento puro para las relaciones personales, pueda desempeñar un papel especial (con Guillermo-Alejandro como rey). Todos nosotros los vivimos como una bendición", señaló.

Respecto a su heredero, Beatriz de Holanda resaltó que "está bien preparado en todos los aspectos. Durante la ceremonia de investidura en la Nieuwe Kerk de Amsterdam, el rey Guillermo-Alejandro aceptará lo esencial de este puesto: actuar sin tener en cuenta las preferencias y mantenerse por encima de los partidos y los grupos de interés".

Beatriz de Holanda, que desde mañana pasará a ser princesa de los Países Bajos, recordó la figura de su esposo, el aristócrata y diplomático alemán Nicolaus van Amsberg, con quien se casó en 1966.

Ese matrimonio fue rechazado inicialmente por los holandeses porque el prometido de la entonces princesa Beatriz militó en las Juventudes Hitlerianas antes de la Segunda Guerra Mundial.

Prueba de los recelos iniciales fueron los disturbios y las protestas el día de su boda, aunque con el paso de los años el príncipe Claus acabó siendo aceptado y querido por los holandeses.

Del príncipe Claus recordó su interés por el medioambiente, el desarrollo y la cultura, "todos elementos clave para nuestra sociedad. Nuestros hijos aprendieron los cambios de la sociedad".