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EL FUTURO DE EUROPA

El complicado camino de Ursula von der Leyen hacia la Comisión Europea

El único grupo que le ha garantizado su apoyo es el PPE mientras socialistas y liberales esperarán al martes para pronunciarse Si hay deserciones en las fuerzas proeuropeas la alemana podría depender del voto ultraconservador y de la extrema derecha

 

Ursula von der Leyen, la nueva presidenta de la Comisión Europea. - TOBIAS SCHWARZ / AFP

SILVIA MARTINEZ
15/07/2019

A 24 horas de una crucial votación en Estrasburgo la ministra alemana de defensa, Ursula von der Leyen, sigue sin contar con los números necesarios para convertirse en la primera presidenta de la Comisión Europea. Para auparse a lo más alto del Ejecutivo comunitario necesitará el apoyo de una mayoría absoluta de al menos 374 eurodiputados (la mitad más uno de la cámara) pero a día de hoy la única formación que ha confirmado su aval a la escogida para sustituir a Jean-Claude Juncker sigue siendo el Partido Popular Europeo (182 escaños).

Esto significa que de aquí a las 18.00 horas de este martes, en que está prevista la votación secreta a través de urna-, la fiel ministra de Angela Merkel necesita recabar entorno a 200 votos como mínimo. Un número asequible que, sin embargo, no tiene garantizado. Lo que tienen que hacer ahora los que la designaron y la han puesto ahí es empezar a hacer llamadas de teléfono porque me da la impresión de que si no puede ser como echar una moneda al aire, apunta un alto funcionario sobre la incertidumbre que acecha a la candidata alemana. La ronda de nueve horas de entrevistas de la pasada semana en la Eurocámara no ha dejado buen sabor de boca y sí muchas críticas.

Tanto la familia socialdemócrata (154 escaños) como los liberales de Renovar Europa (108 escaños) han anunciado que no decidirán la orientación de su voto hasta este martes, después de escuchar la intervención de von der Leyen ante el pleno este martes a las 9 de la mañana, lo que augur incertidumbre hasta el último minuto. Ambos grupos, el segundo y tercero más importante de la cámara, han remitido en las últimas horas sendas cartas enumerando sus exigencias y esperan compromisos firmes antes de dar su aval. Entre PPE, S&D y Renovar Europa suman 444 votos, una mayoría cómoda, aunque todo el mundo da por hecho que sufrirán importantes disidencias y, según algunas fuentes, sus apoyos rondarían de momento los 360, insuficientes para garantizarle el puesto.

Para los socialdemócratas es crucial que la alemana se comprometa a impulsar una reforma institucional que consolide el papel del Parlamento Europeo en la elección del presidente de la Comisión y ponga el acento en la política social, el cambio climático, impulsar los objetivos de desarrollo sostenible, la democracia y la transparencia y una verdadera política común de asilo. Para los liberales el precio a pagar será comprometerse a crear un mecanismo de defensa del estado de derecho, incluido un régimen de sanciones, una conferencia sobre el futuro de Europa y el mismo de peso político en la Comisión para la comisaria danesa Margrethe Vestager que para el holandés Frans Timmermans.

UN PACTO CUESTIONADO

El nombre de Von der Leyen fue pactado por sorpresa por los 28 durante una maratoniana cumbre hace dos semanas, en la que también se designó al primer ministro belga en funciones, Charles Michel, como próximo presidente del Consejo Europeo, a la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, como nueva presidenta del Banco Central Europeo y al ministro español de exteriores en funciones, Josep Borrell, como nuevo jefe de la diplomacia europea.

De todos estos altos cargos, el único que debe aprobar el pleno de la Eurocámara también deberá pronunciarse sobre Borrell aunque en el marco del paquete de comisarios- es la presidencia de la Comisión Europea. Y muchas delegaciones siguen enfadadas por la forma en la que el nombre de Von der Leyen emergió el pasado 2 de julio, dando la espalda al proceso de cabezas de lista o spitzenkandidaten que defienden la mayoría de los grupos políticos. De saltar su nombre también el resto del paquete saltaría por los aires.

ATAQUE DE LOS SOCIALDEMOCRÁTAS ALEMANES

Entre las delegaciones con más discrepancias hay una que destaca por encima de todos: los socialdemócratas alemanes (SPD) que gobiernan en Berlín en coalición con la CDU de Merkel. Esta delegación remitió la semana pasada un documento a sus colegas europeos tachando de inadecuada e inapropiada a la candidata, alertando que supone un ataque a la democracia en Europa y dando cuenta de varios escándalos relacionados con contratos del Ministerio de Defensa que lidera. Tampoco están por arle su apoyo los laboristas británicos ni los socialistas franceses.

La incógnita es si estas deserciones serán suficientes para dar la victoria al bando del no, en el que ya están los Verdes/Alianza Libre Europea (74 escaños) y la Izquierda Unitaria Europea (41 escaños). En función del número de disidencias, von der Leyen podría compensar esa pérdida de confianza del bando de izquierdas con el apoyo de los Conservadores y Reformistas Europeos (62 escaños), que aglutinan a los ultraconservadores polacos de Ley y Justicia (PIS), a Vox y a los nacionalistas flamencos de la N-VA.

LA INCÓGNITA DE LA ULTRADERECHA

El apoyo de los polacos, la delegación más potente del grupo, está sin embargo en el aire por el bloqueo a la exprimera ministra polaca, Beata Szydlo, que aspiraba a presidir la comisión de empleo de la cámara y fue vetada por socialistas y liberales que la incluyeron en el cordón sanitario impuesto a la ultraderecha.

También está en el aire el posible apoyo de la ultraderecha de Matteo Salvini y Marine Le Pen, reunida en torno al grupo Identidad y Democracia (73 escaños). Tampoco ellos han decidido el sentido de su voto y lo harán en las próximas horas. Si la Eurocámara rechaza a von der Leyen, el Consejo Europeo tendrá 30 días para designar a un nuevo candidato. "No sería el fin de Europa", apuntaba este fin de semana el ministro de exteriores luxemburgués, Jean Asselborn. Lo que es seguro es que obligaría a aplazar las decisiones al menos hasta septiembre y abriría una crisis institucional y política en la Unión Europea.