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TARDÍA REPARACIÓN DE UNA SENTENCIA INJUSTA

EEUU libera a tres inocentes tras pasar 36 años en prisión

Fueron condenados por asesinato con tan solo 16 años

 

Alfred Chesnut, Andrew Stewart y Ransom Watkins, tras su liberación. - AFP / TODD KIMMELMAN

RICARDO MIR DE FRANCIA
27/11/2019

Ya nadie les devolverá la adolescencia, ni la juventud ni la entrada en la madurez, pero, más de tres décadas después, han vuelto a pisar la calle como hombres libres. Alfred Chestnut, Ransom Watkins y Andrew Stewart se abrazaron el lunes con sus familiares tras haber sido exonerados de un crimen que no cometieron y por el cual han pasado 36 años encerrados en la cárcel. «Hoy no es una victoria, es una tragedia que se haya robado a estos tres hombres 36 años de su vida», dijo la fiscal estatal de Baltimore, Marilyn Mosby, al recibirlos fuera del penal entre una nube de periodistas y amigos de los reos. «No hay forma de reparar el daño y el trauma causado a estos hombres durante casi cuatro décadas. En nombre del sistema, les pido disculpas», añadió la fiscal con gesto contrito.

Los tres hombres fueron arrestados el Día de Acción de Gracias de 1983, una semana después de que un adolescente de 14 años, DeWitt Ducket, fuera asesinado en los pasillos del instituto Harlem Park Junior de Baltimore. Ducket perdió la vida por una chaqueta de los Georgetown Hoyas. Su asesino le disparó a bocajarro en el cuello antes de llevarse la prenda y darse a la fuga. Las autoridades reclamaron una respuesta rápida. Llegó unos meses después con la condena a cadena perpetua de tres chicos negros de 16 años que aquel mismo día habían estado en el instituto visitando a sus antiguos profesores. En todo momento defendieron su inocencia, pero no les sirvió de nada.

Los tres fueron condenados basándose en el testimonio selectivo de algunos testigos y después de que la policía encontrara en casa de Chestnut una chaqueta de los Hoyas. La prenda no tenía restos de sangre y su madre presentó el recibo sin que fuese estimado. El año pasado se reabrió el caso tras aparecer nuevas pruebas que incriminaban al individuo finalmente señalado por las autoridades como el autor del crimen, fallecido hace años en un tiroteo. La reapertura del caso puso en evidencia una mala praxis: pruebas exculpatorias ocultadas a los abogados de la defensa; menores interrogados sin la presencia de sus padres y testimonios desechados que identificaron al responsable del homicidio.