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LA CRISIS CLIMÁTICA

Las emisiones de CO2 de los incendios multiplican el efecto invernadero

Los expertos advierten de los devastadores efectos de la deforestación en Brasil que pueden convertir la selva amazónica en una sabana

 

Unos bomberos trabajan en las labores de extinción del fuego en el estado amazónico de Mato Grosso, en Brasil, el pasado 26 de agosto. - MAYKE TOSCANO (AFP)

MANUEL VILASERÓ
02/09/2019

Julio fue el mes más cálido desde que existen registros. A nadie puede extrañarle que en paralelo a este nuevo récord, una ola de incendios se haya extendido por todo el mundo desde las regiones árticas a las tropicales. La conexión entre el calentamiento global y el aumento en la intensidad y la extensión de los fuegos está acreditada por la comunidad científica. También su entrada "en zonas tradicionalmente libres del fuego, como Escandinavia, Groenlandia y Siberia", como afirma la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El problema para el conjunto del planeta es que estas llamas avivadas por la crisis climática contribuyen a su vez a agravarla al emitir enormes cantidades de gases de efecto invernadero, especialmente dióxido de carbono (CO2), en un infernal círculo vicioso. A modo de ejemplo, la OMM calculó que los incendios que durante dos meses del 2015 arrasaron unos tres millones de hectáreas de selva tropical en Indonesia lanzaron diariamente a la atmósfera un tercio más de CO2 que la quema de combustibles fósiles (industria y gasolinas) en toda la Unión Europea.

Pero no es necesario retroceder tanto en el tiempo. La oficina de la organización ecologista Greenpeace en Moscú, que ha llevado a cabo un minucioso seguimiento de los incendios de este verano en Siberia, ha estimado la liberación de 200 millones de toneladas de carbono, más de la mitad de la emisiones de anuales de España. Un mismo incendio en la tundra puede prolongarse tres o cuatros meses, durante los cuáles arden las turberas, formadas por material vegetal en descomposición de enorme riqueza en carbono.

SUMIDERO DE DIÓXIDO DE CARBONO

Donde los incendios son una amenaza más grave para la humanidad es en la cuenca amazónica. La selva tropical absorbe como una gigantesca esponja enormes cantidades de CO2 que quedan fijadas en la vegetación. Actúa como lo que técnicamente se denominada sumidero de dióxido de carbono, pero si este repositorio arde, vuelve a liberar su contenido a la atmósfera.

"Las emisiones causadas por los incendios y la deforestación superan ya en Brasil la cantidad de CO2 que son capaces de absorber las zonas intactas, el balance de un país que debería ser el pulmón de la humanidad ya es deficitario", lamenta José Manuel Moreno, catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla-La Mancha y uno de los científicos españoles que ha participado en el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

El efecto de la deforestación en Brasil será aún más devastador si se cruza el umbral de no retorno, a partir del cual el pulmón verde la humanidad conjunto puede convertirse en una enorme sabana. "Estamos aún lejos pero no deberíamos acercarnos más. No nos lo podemos permitir", advierte Moreno.

Entre otros efectos, la destrucción total de la selva amazónica tendría gravísimos efectos en la pluviosidad de los países del entorno. "Las ricas zonas agrícolas de Argentina, Uruguay y Paraguay que limitan con la selva pasarían a sufrir una escasez de agua que pondría en riesgo su subsistencia", añade Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de Bosques de Greenpeace España.