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Elecciones municipales en Turquía

Erdogan se juega su hegemonía

El presidente puede perder las dos mayores ciudades del país. El dirigente evita hablar de la crisis en unos comicios locales inciertos

 

El presidente turco, Tayyip Erdogan, en un mitin de Justicia y Desarrollo (AKP) en Estambul, el viernes. - EFE

ADRIÀ ROCHA CUTILLER
31/03/2019

Aunque parezca mentira, él no se presenta ni concurre a ningún puesto público. El suyo, el de presidente de la República de Turquía, lo tiene afianzado hasta el 2023, como mínimo. Pero eso no impide a Recep Tayyip Erdogan recorrer toda Turquía de principio a fin durante los casi dos meses enteros de campaña electoral por las elecciones locales de este domingo. Ha pasado por casi todas las ciudades, pueblos y plazas existentes y se ha dado tantos baños de masas como sus 65 años y 15 de gobierno le han permitido.

Y lo ha hecho porque su partido, el AKP, no las tiene todas consigo. Los sondeos dicen que la formación de Erdogan podría perder las alcaldías de varias de las mayores ciudades del país. En Izmir, la tercera más grande del país, el favorito es el principal partido que está en la oposición, el socialdemócrata CHP –algo normal–; también lo es, aunque por poco eso sí, en Ankara –algo no tan normal–, lo que pone los pelos de punta en los despachos del palacio presidencial turco. Perder la alcaldía de la capital sería un golpe duro a la autoridad incontestable e incontestada del AKP.

Pero la cosa no termina aquí. En las demás grandes ciudades en disputa –Estambul, Bursa, Adana y Mersin–, las tornas están tan empatadas entre AKP y CHP que solo el Señor sabe quién ganará las elecciones de este domingo. Ese señor, según muchos analistas, tiene nombre y apellidos. No está en el cielo ni tiene una barba blanca, sino que vive en Ankara y lleva un bigote recortadito: es Recep Tayyip Erdogan. «Nadie nunca ha triunfado al pronosticar la caída política de Erdogan, pero en la víspera de estas elecciones locales tanto él como su partido aparecen más débiles que nunca –escribe en un artículo el analista Steven A. Cook–. Pero nada de esto significa que esté en riesgo. El AKP, después de casi dos décadas en el poder en Turquía, controla la prensa, los recursos del Estado y los procesos políticos en todos los niveles. Así que los turcos pueden preguntarse: «¿Hay una alternativa? La respuesta es no».

Tanto Erdogan como su ministro de Interior, Suleyman Soylu, han dicho durante la campaña que si en estas elecciones salen elegidas personas con «vínculos con grupos terroristas», serán echadas de sus puestos, donde se colocarán, si es necesario, interventores elegidos a dedo por el Gobierno. Erdogan y Soylu han amenazado a todos los partidos de la oposición: al socialdemócrata CHP, al nacionalista y conservador IYI, y al prokurdo HDP.

LA PRENSA Y LOS COMPINCHES / Y la prensa turca, mayormente controlada por el Gobierno, también se ha sumado a la fiesta: en las últimas semanas han publicado artículos constantes en los que cuentan que los líderes opositores están, todos, compinchados con sus colegas de la guerrilla del PKK o el grupo de Fethullah Gülen, acusado de estar detrás del golpe de Estado del 2016. Nadie se salva.

«Las 81 ciudades y 1.000 pueblos en los que se elige la alcaldía este domingo son cruciales, porque controlar ciudades y pueblos significa controlar el sistema de patronazgo que hace que la maquinaria del AKP funcione. ¿Por qué debería un empresario intentar ganarse el favor del AKP si otro alcalde de otro partido está en el poder?», considera Cook.

Precisamente porque estas elecciones son más importantes de lo que parece, la campaña ha sido feroz y eso se ha reflejado tanto en los mitines como en la publicidad como en lo que ha ido diciendo el presidente. Con la inflación desbocada al 20%, la lira turca enquistada en una montaña rusa impredecible, el paro al 13%, la renta per cápita bajando y Turquía en recesión oficial, Erdogan, en sus mítines, se ha centrado en quitar del foco los problemas económicos y atacar, de paso, a todos con todo. Ese es su plan y su objetivo principal, desenfocar la realidad para apelar a los sentimientos de los votantes.

MUSULMANA ESTAMBUL / De esta manera, no ha tenido ningún problema en acusar a Occidente de ayudar ideológicamente al atacante de Christchurch, de librar una guerra económica contra él y contra Turquía y de querer invadir Estambul para convertirla, de nuevo, en Constantinopla. «No lo conseguirán –vaticinó el propio Erdogan–. Estambul será musulmana hasta el fin de los tiempos».

Y para evitarlo, prometió que Santa Sofía se convertirá de nuevo en mezquita tras las elecciones. El fundador de la República de Turquía, Mustafá Kemal Atatürk, la convirtió en museo como muestra de reconciliación hacia Occidente. Erdogan va hacia otro lado.