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UNA HINCHADA BURBUJA INMOBILIARIA

Hogar de ricos y famosos

Inversores extranjeros disparan el precio de la vivienda y desplazan a la clase media portuguesa

 

M. L.
06/10/2019

A Madonna la han visto cantar fados con la hermana de Amália Rodrigues en la Alfama, no lejos de donde residen la actriz Monica Bellucci o el actor John Malkovich, algunas de las celebrities que han fijado su residencia en elpaís de moda, junto con otros inversores atraídos por suculentos caramelos fiscales. Una política que, junto al fuerte empuje del turismo, ha transformado la fisonomía de ciudades como Lisboa u Oporto, pero está hinchando una burbuja inmobiliaria y expulsando a los portugueses de este mercado ante una fuerte subida de los precios en un país de magros salarios.

Desde la Asociación Morar em Liboa (Vivir en Lisboa), que agrupa a 15 plataformas vecinales, denuncian que Portugal se haya transformado en un «paraíso fiscal» para los extranjeros gracias a las llamadas visas oro (permisos de residencia a cambio de una inversión inmobiliaria de medio millón de euros) –que han dejado 3.400 millones de euros en las arcas del Estado desde el 2012– y a las desgravaciones para profesionales y jubilados que se instalen en el país, lo que ha atraído a un gran número de franceses, chinos y brasileños.

Da fe de ello Margarida, que volvió a Lisboa hace tres años, después de residir otros tres en Macao. Descartado instalarse en su Chiado de siempre por la invasión turística, buscó refugio, de alquiler, en la moderna pero céntrica zona de Marqués de Pombal. Es la única inquilina portuguesa en un edificio habitado por franceses. Ahora busca un piso para comprar y sabe que se va a tener que alejar al segundo cinturón de la ciudad.

«Por lo menos estaré con portugueses», afirma, consciente además de que tiene un sueldo bastante superior al de la media. No lejos de donde vive ella, en el vecino barrio de Saldanha, una inmobiliaria exhibe su piso más barato en la zona: 700.000 euros por 100 metros cuadrados.

Desde el 2013, el precio de la vivienda se ha disparado el 46% en la capital. El Gobierno busca atajarlo, pero no ha frenado las licencias para el turismo, que desde el 2014 han pasado de 4.000 a 85.000. Sí ha creado un programa para ofrecer alquileres más bajos que el mercado, pero de adscripción voluntaria de los propietarios.

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