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El eterno conflicto del Reino Unido

Irlanda del Norte: paz con rencor y recelos

Pacifistas de ambos lados combaten la segregación. La reconciliación sigue pendiente entre católicos y protestantes

 

Murales conmemorativos de los enfrentamientos en el barrio de Bogside, en Derry. - ALBERT BERTRAN

Rocco Muraro
11/11/2019

La firma del Acuerdo de Paz de Viernes Santo en 1998 sólo fue el punto de partida de la reconciliación. Con él se ponía fin a 30 años de violencia política y sectaria en Irlanda del Norte, pero los problemas estructurales que alimentaron el conflicto seguían intactos. Veintiún años después, el odio, la desconfianza y el rencor entre católicos republicanos y protestantes unionistas, aunque aminorado, sigue circulando en ambas direcciones.

La paz y el entendimiento necesitan de tiempo y mucho esfuerzo, y son muchos los individuos, organizaciones e instituciones comprometidas en la consolidación de un futuro en paz en Irlanda del Norte. Es la avanzadilla que intenta sacar al conjunto de la sociedad de la segregación mutua.

Para Eamonn Baker, mediador social, la desconfianza hacia la comunidad opuesta nace del desconocimiento: «Vivimos en una sociedad segregada. La falta de contacto entre ambas comunidades hace que el desconocimiento del otro se llene con estereotipos, que suelen ser negativos y como consecuencia, refuerzan el foso. Para avanzar hay que acercar a las personas, hacer que se escuchen», afirma.

El proyecto social en el que trabaja pone en contacto a familiares de víctimas de ambos lados para que unos y otros escuchen las historias comunes de sufrimiento derivadas de la pérdida de sus seres queridos. Según Baker, «la escucha del dolor ajeno humaniza al otro y crea puentes de empatía».

En Londonderry, la segunda ciudad más importante de Irlanda del Norte, el contacto entre ambas comunidades es escaso. Los católicos están concentrados en el lado oeste del río Foyle, que atraviesa la ciudad, mientras que en el oeste, los protestante son mayoría.

El Oakgrove Integrated College es el único instituto mixto de la ciudad. Nació en 1991, cuando Irlanda del Norte estaba inmersa en unos años especialmente duros del conflicto. Los fundadores, un grupo de madres y padres de ambas comunidades, se mantuvieron fuertes ante las amenazas y la falta de medios, y consiguieron consolidar el que hoy es uno de los institutos mixtos más antiguos de Irlanda del Norte.

COMPROMISO / John Harkin, jefe de estudios del Oakgrove Integrated College, explica la misión del centro: «El objetivo es poner juntos a jóvenes, independientemente de su origen, para que ayuden a construir un mejor futuro en el marco de una sociedad pacífica». Y añade: «Queremos que nuestros alumnos sean valientes, porque la paz necesita compromiso y actitud para enfrentarse a quien la amenaza».

El proyecto aún es una pequeña semilla en medio del bosque del sistema educativo norirlandés. Sólo el 7% de los alumnos de Primaria y Secundaria de Irlanda del Norte estudian en centros mixtos, el resto lo hace de forma segregada en escuelas protestantes o católicas. En el 2011 se construyó con financiación europea el «puente de la paz» en Londonderry. Es una pasarela peatonal que une el centro de la parte católica de la ciudad con el centro del lado protestante. Un pequeño gesto urbanístico en pro del acercamiento entre ambas comunidades.

La Unión Europea ha sido un actor clave en la financiación de la paz a través del programa PEACE, creado para superar la contienda a través de los fondos de desarrollo regional. La salida del Reino Unido de la UE compromete la continuidad del proyecto que, tras su cuarta fase, que termina el año 2020, deja en el aire la mayor partida presupuestaria destinada a consolidar la paz.

El dinero proveniente de Europa supera con creces a la financiación que el propio Gobierno de Irlanda del Norte destina a programas específicos para la reconciliación. Martín Reilly, del partido nacionalista moderado SDLP, es el exalcalde de Londonderry y actualmente es el concejal que maneja los fondos del programa PEACE en el consistorio. Es muy crítico con las consecuencias del brexit: «Europa era indispensable en la superación de nuestras diferencias; unionistas y nacionalistas compartíamos la identidad europea. La salida del Reino Unido de la UE rompe este lazo; los nacionalistas seguimos sintiéndonos europeos, mientras que los unionistas han priorizado su identidad británica».

‘APARTHEID’ URBANÍSTICO / AT:BUC son las siglas en inglés de «Juntos: Construyendo una Estrategia de Comunidad Unida». Es el programa del Ejecutivo norirlandés para construir puentes entre unionistas y nacionalistas. Con un presupuesto anual de apenas 14 millones de euros, tiene un alcance muy limitado.

Entre sus prioridades está la de superar el apartheid urbanístico. Para ello pretenden que en el 2023 estén demolidos todos los «muros de la paz», eufemismo tras el que esconden las vallas que en algunas ciudades separan los barrios protestantes de los católicos. También pretenden romper con la homogeneidad en el interior de estos barrios, construyendo complejos de viviendas mixtos, donde cualquiera de ambas comunidades no supere el 70% de habitantes.

Las intenciones son loables, pero la realidad se impone. Cantrell Close, en Belfast, es una de estas promociones públicas: son 86 viviendas adosadas con un jardín en el frente. La idea es que fueran compartidas, pero las amenazas de grupos paramilitares unionistas ha provocado la expulsión de familias católicas. Reina el silencio. La única respuesta la da un hombre en cuya casa ondea una bandera paramilitar: «Aquí nadie está interesado en hablar». Aún son muchas las dificultades y la reconciliación es un horizonte lejano, que va a necesitar del compromiso y actitud de los «jóvenes valientes» de los que habla Harkin.