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CONSECUENCIAS DEL EXTERMINIO NAZI

Juicio a un nonagenario por la muerte de 5.230 judíos

Bruno Dey, de 93 años, trabajó de guarda en un campo de concentración

 

Dey, ayer llegando al tribunal. -

AGENCIAS HAMBURGO
18/10/2019

La justicia alemana abrió ayer el proceso contra el exguarda de un campo de concentración nazi, de 93 años y acusado de complicidad en 5.230 muertes, exponente de los juicios tardíos abiertos en los últimos años por crímenes del Tercer Reich. Bruno Dey, el procesado, sirvió entre los 17 y 18 años como guarda de las SS hitlerianas en el campo nazi de Stutthof, cercano a Gdansk, en la Polonia ocupada, donde se estima que fueron asesinados unos 100.000 confinados, en su mayoría judíos.

La Fiscalía le imputa complicidad por haber sido partícipe, desde su posición de vigilante en ese campo, de la maquinaria de exterminio masivo del nazismo. El procesado admitió en los interrogatorios previos que, cuando sirvió en ese lugar, conocía el propósito del Tercer Reich de exterminar a los judíos. Aludió, sin embargo, que tenía 17 años cuando fue destinado ahí, en 1943.

Tras la derrota del nazismo pasó un corto periodo en un campo de prisioneros, tras lo cual llevó una vida normal, como panadero, camionero y otros oficios. Se casó, tuvo hijos y se instaló en Hamburgo. Durante décadas, la justicia alemana no abrió diligencias contra él, puesto que no se le consideraba implicado directamente en crímenes de guerra.

En abril, la Fiscalía de Hamburgo presentó acusación formal, avalada por los testimonios de familiares de las víctimas. Se considera que su proceso podría ser uno de los últimos casos abiertos por crímenes del nazismo.

Los procesos se han apuntalado en el precedente que supuso el juicio contra el exguarda ucraniano John Demjanjuk, quien fue condenado en el 2011 a cinco años de cárcel por complicidad en las muertes del campo de Sobibor, en territorio de la Polonia ocupada. Demjanjuk, quien tras la Segunda Guerra Mundial vivió durante décadas en Estados Unidos hasta que fue extraditado a Alemania, asistió a su proceso en una camilla, no llegó a pronunciarse nunca sobre los casos que se le imputaban y murió unos meses después de escuchar sentencia en un asilo de ancianos. Su procesamiento y condena abrieron la puerta a otros juicios por complicidad en el genocidio.