Italia tiene desde ayer un nuevo Gobierno, que ha sido definido de varias maneras, todas con su parte de verdad: «Es el más a la izquierda que jamás haya habido», «un experimento en la oscuridad», «una alianza de fuerzas y debilidades», «una fusión en frío». Y así.

El nuevo Ejecutivo cuenta con el aplauso de la Unión Europea, que le concederá una cierta flexibilidad presupuestaria, del Banco central Europeo y el reconocimiento de los mercados. Porque el ministro progresista de Economía, Roberto Gualtieri, procede de la Comisión de Asuntos Económicos de la UE; el ministro para Europa, Vincenzo Amendola, es un europeísta, y el representante de Italia en la nueva Comisión será Paolo Gentiloni, un progresista de los más europeístas. Habrá que ver si será también un gabinete que los italianos apoyen. De suceder, el segundo Ejecutivo presidido por Giuseppe Conte podrá llegar hasta el 2022, final de la legislatura, y habiendo podido elegir el nuevo presidente de la República.

El Ejecutivo, formado por los antisistema del Movimiento 5 Estrellas (M5S) y los progresistas del Partido Demócrata (PD) comprende 21 ministros, de los que solo siete son mujeres. «Demasiado pocas», escriben los analistas italianos, a pesar de que la sustituta del peso pesado Matteo Salvini en Interior sea Luciana Lamorgese, que como delegada del Gobierno en Milán se ha distinguido por un rigor nunca visto contra el crimen organizado y unos protocolos sobre migraciones que no seguían los de Interior.

Por primera vez incluye a un ministro perteneciente a la izquierda de la izquierda (LEU, Libres e iguales), Roberto Speranza, de 40 años. El promedio de edad es de 45 años, mientras que en los 70 era de 60-80 años.

En un año de experiencia con la Liga y el M5S, Conte se ha transformado en un político fino. La crisis la provocó Salvini, pero en previsión de ella y de acuerdo con las reconstrucciones más fiables, el primer ministro y sus actuales socios de mayoría se pertrecharon con tiempo para echar a la Liga.

El resultado es ahora la combinación de un partido antisistema con muchas connotaciones sociales y poca experiencia y el PD, heredero del Partido Comunista Italiano (PCI), con una larga trayectoria de políticos preparados. En 73 años nunca ganó unas elecciones, a causa de un veto de EEUU, que llenó de dinero e infraestructuras políticas a Italia (incluido un ejército clandestino llamado Gladio) y en aquellos años de hambre y miseria, alimentó a los italianos a través de la entonces Democracia Cristiana. Ambas formaciones están en la cuerda floja de los sondeos y el Gobierno alumbrado puede salvarles la vida.

RELACIONES EXTERIORES / El antisistema Luigi Di Maio ha sido «aparcado» en Exteriores. Desde allí deberá reparar los entuertos causados a EEUU por un protocolo firmado unilateralmente con China sobre «la ruta de la seda», a Francia por haberse entrevistado con los gilets jaunes y con la UE por haber impedido la unanimidad en el apoyo a Juan Guaidó de Venezuela, haber amenazado con la salida del euro y apoyado al ultra británico Nigel Farage. Y aprender inglés.

El programa del Gobierno será presentado por Conte a partir de este lunes. Las cuestiones más novedosas son las contribuciones para la pensión de los jóvenes, un salario mínimo garantizado por cada hora trabajada (cinco euros), una ley sobre el conflicto de intereses para quienes cuenten con concesiones públicas (de haber existido, Silvio Berlusconi no habría podido ser elegido) y un recorte de los impuestos sobre el salario bruto.

Un Salvini irritado a más no poder a través de las redes sociales, no se presentó siquiera al cambio de la guardia en Interior: está de vacaciones en los Alpes.