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AFGANISTÁN

El soldado acusado de matar a 16 afganos se enfrenta en el juicio a las víctimas supervivientes

 

EFE
21/08/2013

Robert Bales, el soldado estadounidense acusado de asesinar a 16 ciudadanos afganos en marzo de 2012, se enfrentó hoy por primera vez a las víctimas supervivientes en la masacre que presuntamente perpetró en la provincia de Kandahar durante el comienzo de la parte final de su juicio militar.

Un agricultor afgano, que resultó herido, se subió hoy al estrado en la Base Conjunta Lewis-McChord al sur de Seattle (Washington) y testificó frente al acusado, contra quien arremetió.

Haji Mohammad Naim, con una barba gris espesa, un turbante y vestimenta tradicional afgana, testificó en pastún con la ayuda de un intérprete y aseguró haber recibido un disparo en la mejilla.

"Este hijo de puta estaba justo en frente de mí", dijo. "Le pregunté, '¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? '... ¡Y él me disparó!", explicó Naim.

Bales se declaró culpable el pasado junio para evitar la pena de muerte que pedía para él la Fiscalía militar.

Según la Fiscalía, el 11 de marzo de 2012 Bales abandonó su base militar en el sur de Afganistán, se dirigió al cercano pueblo de Balandi, donde atacó a varios civiles, regresó a la base y después fue a la aldea de Alkozai, donde acabó con la vida de otros civiles.

En total se acusa al militar estadounidense de haber asesinado a 16 civiles afganos, nueve de ellos niños, y de haberlo hecho de forma "deliberada" y "metódica", tras haber estado tomando alcohol clandestinamente con otros compañeros.

Durante las audiencias llevadas a cabo en septiembre pasado, el capitán David Godwin reconoció que estuvo tomando alcohol, que habían introducido en la base oculto en una botella de agua, junto con Bales y otro soldado la noche de los hechos mientras veían una película, antes de despedirse para ir a dormir.

Después, Bales se dirigió a la primera aldea, donde hizo disparos que causaron la muerte de varias personas, para luego regresar a la base y despertar a un compañero, a quien explicó lo que acababa de hacer.

Sin embargo, el hombre a quien Bales confesó lo ocurrido, el sargento Jason McLaughlin, no le tomó en serio y no hizo nada por detener el segundo tiroteo.

Los abogados de Bales han apuntado que es posible que su cliente padeciera un trastorno de estrés postraumático debido a una contusión cerebral que sufrió en una de las tres misiones previas que cumplió en Irak.