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IMPACTO DEL 'CABLEGATE'

El jefe de Wikileaks, en prisión en Londres por abusos sexuales

La policía detiene a Assange al acudir a una comisaría a prestar declaración.

 

Seguidores de Julian Assange y periodistas se mezclan en el exterior de los juzgados de Westminster. - FOTO: AP / KIRSTY WIGGLESWORTH

BEGOÑA ARCEBEGOÑA ARCE 08/12/2010

Julian Assange ha pasado su primera noche en una prisión londinense de Wandsworth. Un prisionero político para millones de simpatizantes y seguidores en todo el mundo. El fundador de Wikileaks deberá esperar entre rejas su proceso de extradición a Suecia. La vista ha sido fijada para el próximo 14 de diciembre en Londres. Después de permanecer más de una semana escondido, presumiblemente en el sureste de Inglaterra, Assange se presentó ayer a las 9.30 de la mañana en una comisaría de la capital británica para entregarse.

La cita había sido previamente pactada por sus abogados. La policía británica había recibido la noche anterior una nueva euroorden de las autoridades de Suecia, pidiendo su arresto y extradición por supuestos delitos sexuales. La detención no podía esperar más. Pocas horas más tarde, en medio de una enorme expectación, pálido y cansado, Assange de 39 años, comparecía ante un juzgado de primera instancia de Westminster. El fugitivo más famoso del momento confirmó su identidad y, tras intentar negarse a decir dónde vivía, dio como domicilio una dirección en Australia, su país natal. Después, dejó claro que rechazaba la extradición. Sus abogados trataron inútilmente de que le fuera concedida la libertad condicional a la espera del juicio.

LOS SIMPATIZANTES

En la sala, un curioso grupo de personalidades sin gran cosa en común entre ellos se ofrecía a pagar por la fianza. Entre los valedores estaba el cineasta Ken Loach y la multimillonaria Jemima Khan, hermana del diputado conservador Zac Goldsmith. Se llegaron a ofrecer 180.000 libras.

El juez Howard Riddle optó, sin embargo, por negar la libertad condicional al detenido, dada «la extrema gravedad de las acusaciones que se le imputan» y «los medios y capacidad para evadirse» del encausado. En la decisión pesaron los argumentos de la fiscal Gemma Lindfield, que actúa en nombre de las autoridades suecas, quien hizo hincapié en la vida nómada del fundador de Wikileaks, en su resistencia a dejarse fotografiar o a que la policía tomara sus huellas dactilares una vez detenido.

Lindfield también ofreció algunos detalles de las acusaciones contra Assange. Son cuatro por delitos sexuales, incluido el de violación. Uno de ellos haber mantenido relaciones sexuales con una mujer, identificada solamente como mis A. sin utilizar un preservativo, a pesar de que ella le había pedido que lo usara. Una segunda acusación es también haber mantenido relaciones sexuales sin protección con una segunda mujer, citada como Miss W. cuando ella estaba durmiendo. Los hechos, presuntamente, ocurrieron el pasado mes de agosto.

El encausado niega todos los cargos y afirma ser el objeto de una maquinación política, algo que también cree mucha otra gente, incluido su abogado, Mark Stephens. «Estoy muy preocupado de las interferencias políticas que parece haber en este caso», explicó el letrado al terminar la vista. «La denuncia se puso. Después la retiró el más importante fiscal en Suecia. Después volvió a presentarse, en base a los mismos hechos, a raíz de la queja de un político. Y las órdenes de detención han llegado coincidiendo curiosamente con las filtraciones de los cables». Assange abandonó el juzgado en un furgón policial, entre las voces de apoyo de sus admiradores que le gritaban: «Julian:We love you!».