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Carlos Goñi: "En este país no mandan los representantes del pueblo; mandan cuatro tíos"

Sus canciones no tienen dobleces, es lógico si él siempre ha ido por libre y sabe lo que es el trabajo y el esfuerzo. Asistir a esta entrevista es acudir a uno de sus conciertos porque cuando habla es como si cantara: cuenta las cosas que importan, las que son de verdad. Su lenguaje nunca es impostado sino excepcionalmente claro. Carlos Goñi, la voz indiscutible de Revólver, narra cómo la música hace que el mundo sea un poco más bello. Cantante, compositor. Su banda es Revólver (Madrid, 1961)

 

POR Miguel ángel muñoz
14/04/2019

-¿Podría hablar de su infancia?

-¡Joder! ¿de mi infancia, qué quiere que le cuente de mi infancia?

-Básicamente cómo la recuerda...

-No la recuerdo. Es una época de mi vida de la que no tengo nada muy bueno que recordar. No es una cosa de la que me guste mucho hablar. Lo explico de forma super clara en una canción titulada ‘Campanilla’. No es un lugar donde me guste volver, no tengo mucho donde agarrarme ahí en medio. En mi caso no fue esa etapa idílica y feliz. No, no. No me gusta nada mi infancia.

-¿Cree entonces que, en líneas generales, la infancia está idealizada?

-Hablo de mí. Entiendo que no hay una verdad única y exclusiva por los más de siete mil y pico millones de personas que hay en el mundo, de manera que hay más de siete mil y pico millones de verdades. No puedo idealizarla de ninguna forma porque en la infancia no tengo ninguna islita donde volver.

-¿Cómo fue el colegio?

-Fui a clase a los Agustinos de Alicante, y últimamente parece que está de moda poner verde a los curas. Lo siento mucho, pero hubo un cura en el año 73, creo que es lo poco bueno que podría encontrar de mi infancia, que nos sacó del colegio para dar una clase al aire libre y, de repente, sacó un libro de las manos y dijo: ‘Señores, esto es Miguel Hernández’; fue la primera persona de la que aprendí ciertas cosas tanto a nivel literario como social en cuanto a qué consideraba justo y qué consideraba injusto, y lo que significaba creer en algo y, sobre todo, mi amor desmedido por la literatura.

-¿Por qué canta?

-De entrada porque era el que menos mal lo hacía de la banda donde estaba. Luego, con los años, he aprendido a hacerlo mejor. Y bueno, imagino que porque soy un curioso hasta lo enfermizo. Me gusta cantar, tocar, componer, escribir, producir, grabarme ciertas cosas... El mundo es un sitio enorme en el que tengo una curiosidad extrema por todo, por seguir aprendiendo a cantar bien, o mejor. Decidí en un momento de mi vida qué tenía claro: que hubiese la mínima transición posible entre lo que yo pensase y el que iba a tener delante. No quería intermediarios.

-¿Para usted la Gran Vía de Madrid es uno de los lugares más especiales del mundo?

-Mítico en cuanto a que hubo un tiempo en que lo que no pasaba en Gran Vía no estaba pasando.

-¿O sea que Gran Vía era como el facebook de ahora?

-(Risas). No, porque en Gran Vía ocurrían cosas y el facebook es un patio de colegio. De todos modos todo cambia y yo la tengo idealizada por un montón de películas y de directores. Adoro el cine de los 50, el español también. De pequeño viví en Madrid y aquello de pasear por Gran Vía era como... «¡¡Guau!!!»

-El sábado pasado estuvo en Cáceres donde llenó el Gran Teatro con su gira ‘Básico IV’...

-Con todo el respeto a los músicos con los que he trabajado, ahora estoy con la formación más idónea que he tenido nunca como Revólver, nunca he tenido una banda que sonase así, pero no ya porque fuesen mejores o peores sino porque hay otra cosa que tiene que ver con eso tan intangible que es cierta comunicación, que de vez en cuando ocurre, y todas las piezas ensamblan. Y en este caso ha sido así. Estoy feliz, hasta el punto de que llevo muchísimos años diciendo que nada más me satisface en el mundo que tocar solo en teatros, ah bueno, pues ya no: me gusta más tocar con ellos. Y eso no me había ocurrido nunca. Son dos horas y pico largas de concierto, hay un montón de canciones, algunas nuevas, canciones que hacía muchísimos años que no se tocaban, hay un repertorio que varía. Y sobre todo hay unos musicazos increíbles.

-¿Cómo ve usted Cáceres?

-Como una ciudad que tiene una intrahistoria descomunal.

-¿Sus canciones son un viaje hacia sí mismo?

-Sí, son historias.

-¿Y qué quiere decir con ellas?

-Entiendo que el castellano es un idioma extraordinariamente claro y vasto, gigantesco. No suelo meter demasiadas dobleces a las canciones. En ellas a veces soy el protagonista, otras elijo ponerlo en boca de otros. Tanto las canciones como los discos no son libros nuevos; no, qué va, son capítulos nuevos de un único libro. Y es la vida de cada uno, en este caso la mía.

-Su público es fiel y a la gente le gusta Revólver, ¿a la gente le gusta entonces que le digan la verdad?

-Depende. Si uno mide dos metros, es rubio, con ojos azules, probablemente, sí. Pero cuando no es así generalmente no suele gustar. Pienso muchísimo lo que digo. La verdad así, bruta y desnuda, no siempre es necesaria. No hay por qué herir de una manera descarnada a nadie. ¿Hay que meter la mano en la caja?, sí. Hace muchos años que las mujeres me dijeron que la verdad está sobrevalorada y entiendo por qué lo dicen. Y podría aplicarse a todo, depende de cuál sea tu función en la vida. Los políticos, la gente que tiene acceso a ciertas cosas, deberían ser claros y transparentes como el agua, y la verdad debería ser lo único que les debiera importar, pero no ocurre.

-Tiene usted canciones históricas, ‘El roce de tu piel’, ‘San Pedro’, ¿pero qué ha cambiado desde entonces, desde sus primeros años?

-En mí, todo, espero, porque si no sería un perfecto imbécil. Detesto profundamente a la gente esta que de repente veo que ustedes les hacen una entrevista y dicen lo mismo. Les preguntan: «¿Qué ha cambiado en usted?» Y responden: «Nada, sigo siendo el mismo». Y pienso: «Joder, macho, pues has perdido el tiempo». Lo normal es que cambies, porque la vida cambia. Al final siempre he creído que somos lo que fuimos. Como eres hoy te ha configurado como fuiste ayer, antes de ayer y al otro, y eres el fruto y la suma hasta llegar a hoy.

-O sea que la vida te moldea...

-Sin duda.

-Pero siempre queda la esencia...

-No creo que un tipo nazca con la idea de voy a robar, a matar, a mentir... Al final la vida que tú eliges te moldea. Normalmente tienes una opción. Yo a la vida le echo muy pocas culpas de las cosas, creo que el responsable de cómo eres tú, eres tú directamente. La vida es un concepto, eres tú el que andas por unos caminos o por otros y te vas configurando a ti mismo.

-¿El amor es un concepto desgastado?

-Es lo que debería movernos a todos: el amor del bueno, del respeto por las cosas. Si alguien es incapaz de respetar es muy complicado que llegue a ser capaz de amar ni a nada ni a nadie.

-Si aumenta el número de divorcios es porque el amor no funciona...

-Si el amor de pareja funciona o no depende del respeto que ambos se tengan. Pero también el amor se puede desgastar, o no sería lo suficientemente fuerte para que durase lo que tiene que durar, que tampoco sé cuánto tiene que durar. Las cosas empiezan y acaban, unas veces duran 40 años, otras 40 días, otras 40 horas, otras 40 meses. Lo de que haya más o menos divorcios también tiene que ver con que la gente se canse antes porque piense que tiene el mundo a sus pies. Hoy en día tienes la vida a un clic, y lo quieres tener todo.

-¿Las multinacionales sangran?

-Nunca he tenido el concepto de si estaba en una multinacional o en una independiente. Las marcas las pones tú. Cuando firmé con Warner hace 30 años dejé claro, antes de estampar mi rúbrica en el contrato, que el responsable de mis discos era yo. Es cuestión de perspectiva y de expectativas de lo que quieras, de las que tenga cada uno y del precio a pagar. En este país ir por libre es carísimo, y lo digo por experiencia. Pero tienes que elegir, y yo he elegido ir por libre desde el primer día. Eso es fantástico y eso tiene un precio. He estado toda mi vida en una multinacional, y me fui porque la gente no era la misma ya. Ya no cabía nadie, el equipo humano había cambiado. En las multinacionales no hay un nombre que te haga la vida imposible, puede que haya alguien que te haga la vida más fácil o más difícil, y si va mal, tú decides, o sigues en la multinacional o te piras. Los que hacen las empresas son personas. Y allí yo tuve una libertad creativa desde el primer día hasta el último.

-¿Qué aporta el deporte?

-Algo muy sencillo que tiene que ver con el espíritu de sacrificio y el esfuerzo. Si los dos nos ponemos a correr, y usted gana, y usted llega antes que yo, usted gana. Ahí empieza y acaba. ¿Qué puede ser lo normal? que haya trabajado más que yo, y por eso gana. Lo normal es que tenga más talento que yo, y por eso gana. Luego lo que es un poco menos normal, y por eso hay genios ahí en medio, es que hay tipos a los cuales la vida les ha dado unas condiciones especiales para cierto deporte, que encima tienen un talento descomunal y que luego trabajan como burros. Entonces, esos son los capos. Los demás, mejor echarle la culpa a la mala suerte y se acabó el asunto. El deporte me enseñó lo que tiene que ver con el trabajo y el esfuerzo.

-¿Y Bob Dylan, qué le enseñó?

-Bob Dylan me gustaba, me gusta. Tiene discos maravillosos, pero no fue alguien que me marcara. Cuando empecé me gustaba Lou Reed, que era de Nueva York desde un punto de vista, y me gustaba Springsteen, que era de Nueva York desde otro punto de vista. Con ellos me fui configurando la película.

-¿Qué opina del independentismo?

-El otro día discutí con un tipo en un avión porque se saltó todos los controles del mundo y quedó impune y no pasó nada. Y me mosqueé mucho con él, pero sobre todo me mosqueé con la compañía, porque aunque no te gusten las reglas no puedes saltártelas, lo que tienes que hacer es trabajar para cambiarlas. Las reglas de convivencia son las que son. La cuestión de Cataluña lleva no sé cuántos años y no se ha solucionado. Y no sé si alguna vez se va a solucionar. No sé en qué consiste. Si tengo que hacerle caso a lo que me diga la prensa y lo que me digan los políticos, eso es un tema, y entonces no me gusta. Pero luego la gente de la calle es distinta... Como dije en cierta ocasión, hace un año creo: «Que Dios maldiga a los políticos porque ponen barreras donde no las hay, y generan problemas que no existen, para luego aplicar soluciones que no funcionan». Cada uno tiene derecho a creer en lo que quiera. Unos cuantos han conseguido hacer creer a otros tantos que las cosas son de una manera determinada y no son así. Con lo cual, me falta mucha información como para tener una opinión clara. Los nacionalismos en general no me gustan, pero no me gustan porque lo hacen todo más pequeño.

-Hay políticos que piensan que los votantes somos ignorantes. El votante es el que tiene la capacidad de cambiar el rumbo de las cosas, para que las cosas sean mejores. Si resulta que votamos y al final vencen los populismos, no sé si es que somos verdaderamente ignorantes...

-Dentro de este tipo de temas tengo un montón de conceptos y depende del día en que me pilles van en una dirección o en otra y estoy orgulloso de defenderlos con la misma vehemencia. Primero tendríamos que poner en duda y en cuarentena que los políticos piensan: esto es fiarla muy lejos.

-Bueno, los políticos ‘consideran’, y no todos los políticos, sino algunos...

-Usted tiene que poner ‘algunos’ políticos porque usted es periodista, y me parece bien, pero yo no lo soy. Decía Víctor Hugo que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Y en nada puedo estar más de acuerdo. Entiendo que son conscientes de que el 28 de abril tenemos el poder, pero el día 29, ya no. Es que hay varias cosas de la ley electoral que me parecen una mierda y me parecen un engaño. Lo primero es que el programa que presente cada partido debería pasar por una notaría y si luego no lo cumple, ese partido y ese gobierno o quién coño fuera, deberían quedar inhabilitados para poder seguir gobernando; porque es ridículo que ahora un partido llegue y te diga que te va a dar 1.300 euros de sueldo al mes por desempleo o por ayuda mínima, y luego en el momento en que lo votas y llega a Moncloa te dice: «Pues va a ser que no». Hay ciertos países del mundo donde esto significa que van a la puta cárcel, solo por ese motivo, cosa que aquí va a quedar impune. El segundo de ellos es que hoy puedes votar a cualquiera de los partidos de izquierdas o de derechas que hay, porque te gusta ese partido, pero sin embargo al día siguiente llega éste y pacta con uno que a ti no te gustaba ni un carajo, porque si te hubiera gustado lo habrías votado. Y ellos pactan para seguir gobernando, cosa que a mí particularmente me parece infame. A mí me gustaría que fuesen listas abiertas, de la misma manera que me gustaría que los diputados cuando les llegue una orden que no les guste de su partido les dijeran que no, pero aquí esto no ocurre. En realidad, este concepto tan democrático, que se les cae a ellos de la boca, es una falacia y una mentira. Porque mientras exista la orden de partido, lo que ocurre es que quién manda es un puto señor. No mandan los representantes del pueblo, ni de coña; mandan cuatro tíos, que son los que deciden: «Señores, todos nuestros diputados en el Congreso van a votar esto, ¿por qué? Porque lo digo yo, y ya está». Y todo el mundo vota eso. Pues no me gusta, no me gusta nada. Me gustaría que las regiones pudiésemos elegir a nuestros representantes para que estén en el Congreso y que luego cada uno decida lo que crea oportuno. Y no que venga por medio de las órdenes de un partido. Con lo cual, en realidad, tu voto como tal es una falacia y al final no vale para nada. La Ley Electoral está hecha a modo y medida para que unos cuantos estén gobernando apenas una, o dos legislaturas con suerte, y se lleven 4.000 pavos el resto de su vida. Estamos en lo de siempre, macho.

-¿La música cura la mediocridad?

-La música para lo que vale en realidad es para hacer que la vida de los demás sea un poco más llevadera, pero la música no es la panacea de nada ni creo que una canción pueda cambiar el mundo, ni nada de toda esta historieta. La música hace que el mundo sea un poco más bello probablemente y sea un lugar más habitable. En los conciertos tratamos de hacer la vida más alegre a la gente, y cuando eso acaba, vuelves a tu anonimato, a ocupar el espacio que te pertenece, que es muy pequeñito, porque te metes en una furgoneta y te recorres 300 kilómetros, vas al sitio siguiente y vuelve a ocurrir lo mismo. Y luego te toca llegar a casa, y encontrarte con tus problemas, allí donde los hubieras dejado y con las alegrías allí donde te esperen. Así que la música lo que consigue es hacer por unos segundos que la vida de los demás sea un poco más bonita y por eso me parece un trabajo maravilloso.

-En esta entrevista cuando habla canta, pareciera que estoy asistiendo a uno de sus conciertos...

-Joder, entonces le ha gustado. Un honor para mí.

Arroz a banda y Rioja