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EL PERSONAJE DE LA SEMANA

Envuelta en la bandera

 

Marta Sánchez posa en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, el pasado día 14. - WIRELMAGE / EDUARDO PARRA

POR JORDI BIANCIOTTO
25/02/2018

Las banderas no solo pueden hacer un servicio a determinados políticos para incentivar la ovación fácil o desviar la mirada. También en el show business juegan su papel, como nos ha recordado estos días Marta Sánchez, que el pasado sábado cantó, vestida de rojo de arriba a abajo y tocada por haces de luz amarilla (o sería gualda), nada menos que su particular, y muy sentida, versión del himno de España, la Marcha Real, en el concierto que ofreció en el madrileño teatro de la Zarzuela.

Se ha hecho la sorprendida visto el revuelo ocasionado, y habrá que creerla, si bien era fácil de imaginar que su iniciativa la liaría en estos tiempos de pasiones políticas subidas de tono y de bandos en pie de guerra. Vuelvo a casa, a mi amada tierra / la que vio nacer un corazón aquí, comenzó cantando la excantante de Olé Olé, que meses atrás se instaló en Madrid dejando atrás sus años de residencia en Miami. Y el momento álgido, hinchando la caja torácica: rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón / ¡y no pido perdón!. Un mensaje que encantó, por ejemplo, a Albert Rivera, que lo capturó en un tuit en el que calificó la versión de «valiente y emocionante», quizá olvidándose del texto propuesto por Sabina años atrás y que adoptó (con su permiso) Ciutadans.

El historial de intentos de ponerle letra al himno español es largo y si hoy nadie se acuerda de las épicas estrofas vertidas por Eduardo Marquina, José María Pemán o la más cercana, que confeccionaron a varias manos autores como Jon Juaristi y Luis Alberto de Cuenca, parece poco probable que la versión de Marta Sánchez sobreviva más allá de algunas semanas. Sus pliegues líricos tampoco dan para mucho y recuerdan la canción que interpretó, a los 15 años, en su primera intervención en Televisión Española, en el programa Sabadabadá (la puede buscar en Youtube y deleitarse con ella), acompañándose de la guitarra con aires de María Ostiz, y en la que decía: Voy buscando mis raíces / voy buscando mi esperanza.

Apelando al nacionalismo, o quizá sea patriotismo constitucional, Marta Sánchez ha vuelto al primer plano en un momento en que a su carrera le venía bien un meneo. De eso, de golpes de efecto, sabe bastante esta madrileña de 51 años, que comenzó a alcanzar la notoriedad cuando se percató de que pronunciando sus escotes en las actuaciones en galas como Nochevieja-87 conseguía estar al día siguiente en boca de todos.

Eran tiempos de una extraña obsesión colectiva con la cuestión pectoral, animada esforzadamente por señoritas como Sabrina y Samantha Fox, y ella le sacó partido en su papel de relevo atómico de Vicky Larraz, más discreta ella.

Su grupo, Olé Olé, quedó así oscurecido por la cantante, aunque dio guerra con álbumes como 1990, grabado en Nueva York con todo un Nile Rodgers, exmiembro de Chic, el productor de Let’s dance, de David Bowie. En aquella época hay que enmarcar un alto indicio de su patriotismo cuando tuvo a bien ir a cantar Soldados del amor a Abu Dhabi y a Safaga (Egipto), para las tropas españolas desplazadas a la Guerra del Golfo.

Dado que no necesitaba de ningún grupo para triunfar, emprendió su carrera en solitario en 1993 con Mujer y el reggae ligero de Desesperada, decantándose en adelante por un papel de diva pop un poco kitsch, lo cual no fue obstáculo para que pudiera contar con cómplices como un bastante desorientado Slash, guitarrista de Guns n’Roses. Pero hay que decir que, desde entonces, en su trayectoria ha importado más su marca de celebridad que sus canciones, y se ha prodigado más por los platós televisivos que por los auditorios. Pocos recuerdan cuándo fue la última vez que ofreció un concierto digno de este nombre.

Decantada en buena parte hacia el mundo latinoamericano, ha sido jurado de La Voz Ecuador y participado del reality argentino Bailando por un sueño, mientras sus discos se iban espaciando más y más en el tiempo (solo tres en lo que llevamos de siglo). En el último, 21 Días (2015), dominaban por primera vez las canciones propias, compuestas en solitario o con el productor Daniel Terán. Un disco de ruptura sentimental salpicado por algunos puntos de interés en forma de power ballad arrebatada y dance pop puesto al día. Quizá no sea suficiente para seguir en primera línea de la arena vip, en la gran hoguera de las vanidades. Marta sabe que toda ayuda extramusical es bienvenida para que hablen de ti… aunque sea bien.