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Lali Vargas y Marta Carballo: «El cáncer viene a ponerte la casa patas arriba, a darle la vuelta a las relaciones como si fueran un calcetín y a concederle importancia a lo que realmente la tiene»

El padre ha criado una flor a la que le ha dado cariño y ternura, y un día ve cómo una ventisca de invierno se la puede llevar destrozando sus pétalos, aunque el tallo siga agarrado a la tierra. Pero no importa, ¿acaso en la quietud no brota la hortensia, acaso no puedes beberte el Atlántico con una mirada? De todo eso habla el proyecto de Lali Vargas y Marta Carballo. Se llama ‘Contracorriente’, 13 relatos y dos poemas que abordan el cáncer, la enfermedad que es posible vencer aunque tu corazón se quede patas arriba. Coordinadoras del proyecto ‘Contracorriente’

 

-¿Qué las une a ustedes dos?

-Marta: Guauuuu (risas). Yo diría que una amistad muy grande, mucha confianza y mucha alegría. Para mí Lali es alegría.

-Lali: Síiiii, estaban planteándome para ‘El club de la comedia’ (más risas). A Marta me une una amistad muy bonita, complicidad porque somos dos personas que nos entendemos muy bien. En todo este tiempo que nos conocemos nos hemos complementado mucho.

-Son coordinadoras de ‘Contracorriente’, un libro maravilloso sobre el cáncer del que lo primero que llama la atención es su título. Los fondos recaudados van para la Asociación Oncológica Extremeña...

-Lali: Desde el primer momento lo planteamos como un libro que habla de sentimientos, que en esta sociedad tienen poco hueco, poco espacio. Darle el lugar donde poder compartirlo con la sociedad en la que vivimos era ir contracorriente de todo eso, del día a día, de las prisas, porque para encontrar tus sentimientos necesitas silencio y necesitas parar.

-De él, además de sus relatos, destacan sus ilustraciones...

-Marta: Lo que tiene ‘Contracorriente’ es que hay una diversidad y amplitud en la manera de expresión. Hay escritores, ilustradores y actores que han grabado el audiolibro, con lo cual hemos conseguido que a través del arte todo el mundo pudiera participar y expresarse.

-Desgranemos los 13 relatos y dos poemas del libro y comencemos por el primero, ‘Tu impulso’...

-Marta: Es el amor a una madre.

-Sigamos con Adrián, el niño que quería llegar a la luna. ¿Padeciendo un cáncer puedes pensar que la luna no está tan lejos como para alcanzarla?

-Lali: Creo que sí. Es más, cuando pasas por algo así la luna se te acerca más de lo que tú piensas y te imaginas, porque la observas con otros ojos, la miras de otra manera, tanto a la luna como a todo lo que te rodea. Se puede tocar, se puede llegar y se puede acariciar.

-Después se adentra en ‘El niño solitario’. Habla del afán de superación en la Extremadura rural ¿Es más difícil para los enfermos de los pueblos afrontar un cáncer?

-Marta: Seguramente sí. Soy madrileña y vivo ahora en Cáceres. Viendo el relato de Cele sí me puedo poner en su lugar, y más en Extremadura, que tenemos las dos provincias más grandes de España, con lo que implica de movimiento, transporte, movilidad... Hace falta que a los pueblos lleguen los recursos, los servicios, y por eso hay que dar ánimos a la Asociación Oncológica Extremeña, que se encarga de apoyar a los enfermos.

-Lali: Cuando en Extremadura tienes un proceso de quimioterapia y vives en un pueblo, lógicamente en una enfermedad que dura tanto tiempo, no siempre te puede trasladar un familiar, son las ambulancias las que se encargan de eso. Una ambulancia que coges a las siete u ocho de la mañana, que a lo mejor tu tratamiento de quimio comienza a las nueve, termina a las 10 y tienes que esperar hasta las tres de la tarde, que acaba el último enfermo, para regresar a tu casa. Eso es muy duro, porque un tratamiento es muy duro, y si lo unes a las horas de espera es más duro todavía. Y a eso el gobierno tendría que darle una solución.

-En ‘Cuatro ruedas’, aparte de citar la BH, ‘Barrio Sésamo’ o ‘Los Cinco’ de Enid Blyton, símbolos de toda una generación que resultan guiños muy divertidos, se adentra en esa idea de ser un naúfrago en una tempestad de sentimientos, ¿es eso el cáncer?

-Marta: Creo que para Miguel Ángel Grajera, sí. Cuando se le plantea esta situación de hablar de su experiencia, lo lleva ahí, a las dudas, a crecer, a plantearte, a saber quién eres y quién no eres a través de la relación con los demás y de tus aventuras de vida. Entonces sí, para Miguel Ángel es así, como para cada una de las personas cada relato.

-Lali: Y a encontrar su equilibrio. Con ‘Cuatro ruedas’ Miguel Ángel habla mucho de su equilibrio, que se necesita tener para afrontar y enfrentar algo así.

-Y curiosamente luego ese niño empuja la silla de cuatro ruedas de su padre, que antes empujó su bici. ¿Por qué nos olvidamos de los ancianos?

-Lali: Llevamos un ritmo de vida muy frenético y a veces nos olvidamos de que nosotros llegaremos algún día, con suerte, a tener esa edad.

Marta: Creo que es necesario pararnos a ver qué modelos de familia estamos creando. Estamos ocupándonos de hipoteca, los dos trabajando, niños en actividades extraescolares... y efectivamente, a los mayores, que son los que nos han apoyado, les estamos dejando de lado frente a la urgencia del día a día.

-Lali: A mí en este sentido me gusta mucho reivindicar lo que te enseñan personas que han vivido ya un camino largo. Esa sabiduría, ese enfrentarse a lo que es el día a día a mí me aporta mucho; y creo que es necesario que en esta sociedad también se escuche a ese sector. Quizá nosotros lo hemos tenido mucho más sencillo, mucho más hecho, se nos han dado muchas más cosas y no nos hemos parado a escucharlos. Simplemente con escucharlos valoraríamos mucho más lo que ellos han alcanzado.

-En ‘Amigo mío’ la trama se sitúa en 1936, se habla de ese tiempo de huida. Es una forma inédita de relacionar la guerra civil con el cáncer, que al final es también una guerra...

-Lali: Es una lucha, una batalla.

-Marta: La dificultad está en acoger esa lucha con cierta paz, encontrar el punto de aceptar qué me está pasando, ese punto de aceptación y a la vez mantener la energía de luchar contra ello. Eso es muy ambivalente para las personas que padecen cáncer. Era un poco la idea del libro, como psicóloga le doy mucho valor a las emociones, poder acoger los sentimientos negativos sin pelearte con ellos y poder aprender de ellos. Es un poco el quid de la cuestión. Cuando Lali me plantea la idea me parece tan magnífica porque significa reivindicar, acoger esas emociones sin pelearte con ellas; y cómo de ahí va surgiendo ese río que fluye y que es lucha y no es lucha a la vez; esta cosa ambivalente de acoger lo que te viene y poderlo superar de alguna forma. Esa paradoja que tenemos los seres humanos. Esa guerra y esa lucha es un símil también. Jeannete, la autora, reivindica igualmente el valor de la amistad, con ese apoyo que es incondicional y la necesidad que tenemos de apoyarnos y conectar con los demás.

-En ‘Bola blanca’ es impactante esa frase de: ‘Al fin y al cabo los problemas no son tan grandes cuando los acorralas’...

-Lali: La verdad es que es una frase maravillosa de Susana. Cuando tienes un problema, te sientas cara a cara con él y te pones frente a él, pierde fuerza. Y es así. Todos hemos tenido una circunstancia en nuestra vida en la que nos hemos tenido que parar, que sentar, y ponernos cara a cara con aquello que nos estaba impidiendo avanzar. Y cuando eso sucede ves que quizá no tenía la importancia que nosotros en un principio le dábamos. Y por supuesto en un trance como el cáncer tienes que asumir lo que te está pasando y que un periodo de tus días se va a centrar en esa lucha o en ese camino.

-‘En la mariposa de oscuros cristales’ dice la protagonista: ‘Si miro de frente la enfermedad saldré adelante’. Es una historia en la que la hija retoma la relación con su padre...

-Marta: Las relaciones familiares son tremendamente importantes. Una enfermedad como el cáncer o cualquier otra circunstancia difícil, lo que viene es a ponerte la casa patas arribas y a darle la vuelta a las relaciones como si fueran un calcetín, y tenerte que plantear muchas cosas. Sí. El cáncer puede ser una oportunidad de solucionar cosas que no están habladas, de mejorar, de zanjar cosas que estaban pendientes. No solo con el cáncer, con un montón de situaciones. No nos damos cuenta de la influencia de la familia que llevamos dentro y cómo necesitamos plantearnos y encarar cosas con respecto a nuestra propia familia y cómo queremos vivir. En la consulta mucho del trabajo que hacemos es este replanteamiento, de qué has recibido, qué te quedas y con qué quieres seguir tú adelante de lo que te han dado. Y bueno, el cáncer puede ser una excusa para poner todo esto en su sitio.

-Lali: Es una cosa maravillosa, porque lo que hace es ponerte cara a cara y te pone enfrente con el entorno que tienes. Cuando sufres esta enfermedad, tu entorno más cercano sobre todo es el que está contigo, el que te cuida, te protege, tira de ti en los momentos en los que tú caes. Y creo que lo que Yolanda viene a plantear ahí es, en cierta manera, reconciliarte con tus propios orígenes. Es lo importante.

-‘Mil y una dudas’ es un título muy relacionado con esta dolencia. Manuel le dice a ella: ‘Por eso me enamoré de ti, porque eres valiente y sensible, porque para ti nada es imposible y porque contigo lo difícil se hace fácil’. Es una declaración de amor en un momento donde hay mucho caos...

-Marta: ‘Mil y una dudas’ es todo ternura, es todo amor. Si conoces a Mariví, que es la escritora, es así. Lo que refleja es el encuentro, a pesar de que a ella se le plantea la duda de irse; lo que de verdad consigue, y es esto de las paradojas, es cómo me encuentro con la gente importante yéndome. Esta es la cosa tierna, esta cosa de reconocerse es maravilloso. Y el cáncer tiene eso, las situaciones límite en general nos ponen en la situación de reconocernos en lo importante.

-Lali: Y aparte ella lo que quiere identificar en el relato es cómo algo que me sucede a mí le afecta a todas las personas que me rodean.

-En ‘Correspondencia con un maldito’ llega la palabra maldito: maldito cáncer. Dice: ‘Eres un maestro del camuflaje, estás siempre vagando por ahí’. Nos habla de la zozobra pero también de la esperanza...

-Marta: Sí, es el relato donde también está la rabia, el enfado, que es parte del proceso. Y a pesar de que es un relato duro precisamente a través de la rabia es que encontramos fortaleza, es que conectamos con nuestra fuerza. O sea, el enfado tiene que ver con defendernos, con autoafirmarnos, y este relato refleja eso, aquí estoy yo y no me voy a rendir. Entonces es cuando viene la esperanza.

-Lali: Nos damos cuenta de que esa rabia y dureza es lo que en cierta manera te permite andar.

-En ‘Azul’ se retrata una vida fácil y sencilla, y zas, llega el zarpazo. Nadie está libre de que esto le pase...

-Lali: Alba lo ha dicho en más de una ocasión. Lo que pretende transmitir en ‘Azul’ es precisamente cómo nos tenemos que adaptar a las circunstancias, que la vida está ahora, en este momento, y que hay que disfrutarla. No nos podemos anclar en lo que fuimos, en un pasado, o pretender ser alguien en un futuro que no conocemos. Cuando comenzó con todo esto, la autora decía: «Solamente con que una persona llegue a entender este mensaje, que yo intento transmitirle a mi madre y que ella no consigue ver, para mí ya es el mayor de los regalos».

-‘Departamento de reclamaciones’ asegura: ‘Quienes hemos adquirido habilidades super humanas tras sobrevivir al impacto de la onda de choque de un acelerador de partículas, sabemos que el amor es lo único que vence a la muerte’. ¿Hay que reclamar mejores medios?

-Marta: Belén, la escritora, es efectivamente, la mujer guerrera. Este relato trae esto, la reivindicación. Reclamar cuántas veces nos sentimos pisados por las administraciones, por el sistema, por valores...

-En ‘El vuelo’ se escribe: ‘Por fin conseguía volar, libre de cargas, libre de barreras, libre de ataduras’. Tela...

-Lali: (sonríe) En ‘El vuelo’ he intentado reflejar eso. Cómo cuando enfrentas momentos tan duros te ponen cara a cara con la realidad de lo que es la vida. Y cuando tú enfrentas esa realidad te quitas mucho peso de encima porque le das importancia a lo que realmente la tiene. Muchas veces nosotros vamos y nos metemos en un bucle que no tiene mucho sentido. Y dentro de ese bucle nos cargamos con muchísimo peso que tampoco tiene sentido que llevemos sobre nuestros hombros.

-‘Domingo de cicatrices y berenjenas’ es un título delicioso. ¿Se puede hablar del potencial creativo de la adversidad?

-Marta: Sin duda, de hecho todo ‘Contracorriente’ es la prueba fehaciente de que de la adversidad puede surgir lo más maravilloso del mundo.

-‘El árbol de la fortuna’ nos aconseja esto: ‘Cierra los ojos y salta. Confía en tus alas...’ Es duro...

-Lali: Plantea el hecho mismo de la muerte, de cómo tenemos que enfrentar ese momento, bien nuestra propia muerte o la de un ser querido, y conseguir ese equilibrio de llegar a ese árbol y saltar. No implica otra cosa más que abandonar esta vida y dejarnos llevar por el destino.

-En ‘La flor de mi jardín’ María ya no está sola, tiene gente a su lado que la apoya con la enfermedad...

-Lali: Es una unión muy bonita entre un padre y una hija, lo que representa el dolor, ese punto de vista de esa persona que ha criado una flor, que le ha dado cariño, que le ha dado ternura y que ve cómo una ventisca de invierno se la puede llevar y termina destrozando sus pétalos, aunque el tallo siga agarrado a la tierra.

-Y para finalizar, este libro habla del cáncer pero sin nombrarlo. Es un experimento realmente interesante...

-Lali: Si te alejas de toda esa maraña que implica el cáncer es cuando realmente detectas esos sentimientos que se te han despertado en ese momento. Hablamos de cáncer como de cualquier otro momento difícil de nuestras vidas. Si te alejas de él, si lo extrapolas a cualquier otra circunstancia, es cuando ves nítidos esos sentimientos.

-Marta: He escrito el prólogo y no hablo tampoco de cáncer. La idea es podernos reconocer en el sufrimiento y hay miles de motivos por los que sufrimos. Esta era la propuesta. Creo que está siendo tan potente porque todo el mundo se reconoce en las emociones. El cáncer digamos que es la excusa, se trata de universalizar el cáncer y universalizar los procesos humanos, las emociones, y cómo nos adaptamos y cómo vivimos nuestras vidas. Es un juego para reconocernos y para encontrarnos.