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SERGIO RAMOS

Remate al vestidor

 

Tres ‘looks’ recientes del futbolista: de fucsia con añil, de ferretero y de soldado carlista. -

Tres ‘looks’ recientes del futbolista: de fucsia con añil, de ferretero y de soldado carlista. -

POR JUAN FERNÁNDEZ
04/03/2018

Cabe la posibilidad de que Sergio Ramos se haya aburrido de su carrera de futbolista tras haberlo ganado todo y que a estas alturas de su vida –31 años– solo le ilusione aspirar a ser el ídolo que rompió las reglas de la moda a golpe de looks imposibles y liberó al hombre del siglo XXI de los estrechos cánones del buen vestir. Si ha sido capaz de darle la vuelta a una final de la Champions con un cabezazo en el minuto 93, ¿por qué no iba a poder combinar rayas y cuadros en una gala de tiros largos? Si es el capitán del equipo más laureado, ¿por qué no iba a poder remeterse los pantalones por dentro de unos calcetines blancos decorados con cerezas rojas? A ver, ¿por qué?

Solo desde esa actitud entre naíf y desafiante puede comprenderse la creciente querencia del central del Real Madrid por retratarse en su Instagram disfrazado de fantoche con la indolencia del que se pone lo primero que pilla para bajar a por pan. No hay descuido en su elección, sino calculada provocación; aunque sus posados los acompañe de hashtags del tipo «#amirollo», no es pasar de todo lo que busca, sino generar reacción. Es como si, cansado de ser el Moisés del madridismo, ahora quisiera ser el Espartaco del estilismo choni. Acostumbrado a reinar en el área chica, ahora quiere rematar el vestidor.

Que a Sergio Ramos le gusta dar la nota lo sabemos desde que era un prometedor jugador de Camas (Sevilla), el pueblo de Curro Romero y Paco Camino, y suplía la falta de valor para vestir de luces ante un morlaco con un insólito arrojo para recortar balones junto al punto de penalti y presentarse luego en la sala de prensa como un maniquí escapado de la pasarela de Nueva York. En el fútbol, la línea de la defensa suele alumbrar a tipos altos de perfil bajo que matan callando y esquivan los focos, pero no es su caso. ¿Él? ¡Antes muerto que discreto!

En el 2005, cuando el Sevilla escamoteaba su traspaso al Real Madrid, Ramos lanzó un recado plantándose en una concentración de la Roja embutido en un traje blanco de raya diplomática. Parecía venir de una boda de mafiosos, pero el recado llegó a su destino y el traspaso se cerró. Desde entonces le hemos visto tintarse el pelo de rubio platino, cubrir su piel de tatuajes y pasearse por la zona mixta vestido como un cantante de hip-hop. Si la forma es el mensaje, Sergio Ramos lleva una década y media gritando que para chulos él y su ropero. Que no le vengan con que el fucsia se mata con el añil, que todos los colores son hijos de Dios. ¿Dónde está el problema?

Lejos de ser un tic pasajero, el gusto del zaguero por vestir sin gusto se ha ido acelerando en el tiempo. En lo que va de año ha sido la comidilla en las redes sociales a cuento de las indumentarias de ferretero y soldado carlista con que se presentó en el Bernabéu. Las parodias no le molestan, las celebra: hace un par de semanas se ofreció a asesorar a un grupo de seguidores que habían convertido su atuendo en disfraz de carnaval.

Le pirra cubrirse la cabeza con boinas y gorras, adora calzar botas fuera del césped y su adicción a las marcas le lleva a vestir de Gucci lo mismo que de Prada o de Dolce & Gabbana. Pero tratar de extraer alguna lógica estética de sus pintas es una aspiración abocada al fracaso.

Fiona Ferrer, la estilista de Cámbiame (Tele5), le ha invitado a su programa, pero se antoja difícil la tarea de poner orden en la imagen de alguien que ha convertido su afición a vestir sin ton ni son en su seña de identidad. Con apenas 19 años, Ramos posó desnudo para la revista Interviú y declaró: «Soy muy humilde para ser galáctico». En la foto, solo unas botas de fútbol cubrían su ingle. Luego descubrió la ropa cara y el círculo cromático y su vida cambió.