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TOMÁS RODRÍGUEZ Y MICAELA LORENZO COLABORAN ACTIVAMENTE CON DIVERSAS ORGANIZACIONES DE LA CIUDAD

El voluntariado no para por vacaciones

En un mundo lleno de individualidades, todavía queda gente a la que le gusta y que incluso necesita ayudar a otras personas con dificultades H El comedor social y el centro de acogida de la capital extremeña salen adelante gracias a esta labor social

 

Centro de acogida 8 Tomás Rodríguez descansa en el rellano del edificio donde 28 personas conviven día a día. - L.S.

Comedor social 8 La hermana Magdalena Muñoz y Micaela Lorenzo, en el centro, acompañadas de dos voluntarias más. - L.S.

LYDIA SÁNCHEZ
25/08/2019

A veces, muchas personas intentan menospreciar los éxitos ajenos o justificar sus propios fracasos recurriendo al argumento de la suerte. Al hacerlo, se les tacha de conformistas o incluso de malos perdedores. No es el caso de Tomás Gutiérrez. Este emeritense confiesa que la fortuna le ha acompañado desde que nació a través de una buena familia, un trabajo constante y una esposa maravillosa, aunque también reconoce que ciertas cosas se las ha ganado con su propio esfuerzo. Evidentemente, el destino le ha golpeado en ciertas ocasiones, y en una de ellas, su vida cambió.

Cuando su mujer falleció hace casi diez años, decidió dejar su empleo e irse a vivir a Marruecos durante un tiempo. Al volver a la capital extremeña en 2012, su invalidez para trabajar a causa de diversos achaques le hizo lanzarse a cumplir ese deseo que siempre tuvo: devolverle a la sociedad algo de todo aquello que había recibido de ella. Por este motivo, pasó un año como voluntario en la Asociación Oncológica Extremeña (AOEx) y otro en el programa de reinserción laboral para discapacitados intelectuales del centro especial de empleo La Encina, hasta que decidió ‘instalarse’ en el centro de acogida Padre Cristóbal, ubicado en frente de la estación de tren de Mérida.

A este lugar acude gente con problemas de todo tipo, desde enfermedades físicas y mentales hasta adicciones o personas que no tienen a nadie que pueda cuidar de ellos. Tomás se encarga de llevar a cabo todas aquellas actividades que se realizan fuera del edificio, como acompañar a los residentes al médico, tramitar renovaciones de DNI o gestionar las citas con el Centro de Drogodependencia Extremeño (Cedex). A pesar de invertir todas sus mañanas en este lugar, Rodríguez siente que recibe muchísimo más de lo que da. «No te puedes hacer una idea de lo que es venir aquí y que la gente te dé las gracias simplemente por tratarles con dignidad y respeto», comenta con cierta emoción.

Aunque en este mundo no todo son cosas bonitas. Tomás ha aprendido a separar el cerebro del corazón, pero confiesa que es difícil aceptar el abandono de algunos inquilinos. Sin embargo, asegura que lo peor de todo es cuando alguno de los antiguos residentes acaba con su vida. «Ocurre pocas veces, pero se pasa mal porque aquí se coge afecto con una facilidad increíble», relata.

Perder para ganar

Micaela Lorenzo también sintió esa necesidad de hacer algo bueno con su vida dentro de sus posibilidades. Perder su trabajo el mismo año en el que el comedor social Beato Cristóbal abrió sus puertas no debía ser casualidad. Ahí decidió empezar su andadura como voluntaria, y desde entonces no ha parado. La AOEx, Cruz Roja o el Teléfono de la Esperanza son tan solo algunas de las organizaciones donde participa esta zamorana afincada en Mérida. «Antes no tenía tiempo, pero cuando me quedé sin trabajo aproveché, y ahora hago lo que me gusta», manifiesta.

Micaela forma parte del grupo de los jueves, ya que el voluntariado en este comedor se organiza por días. Su labor consiste en limpiar los lavabos, servir la comida, recoger la mesa y charlar con las personas que asisten a este edifico situado en la carretera del Prado y que rondan una media de 30 al día.

A pesar de lo que pueda parecer, la alimentación no es lo único que se cubre en este comedor fundado en 2013 por las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno. Los usuarios no pueden quedarse a dormir, pero tienen la posibilidad de ducharse gratuitamente y de conseguir ropa y calzado que necesiten. La hermana Magdalena Muñoz, representante legal del centro, da las gracias una y otra vez a todos aquellos que realizan donaciones «porque nosotros no tenemos medios». De hecho, la única persona que allí cobra es la trabajadora social. «Su papel es fundamental porque se pone en contacto con las parroquias y con otros trabajadores sociales para buscarle a la gente un trabajo, una habitación o más comida», cuenta Magdalena.

Tanto ella como la propia Micaela consideran que la vocación es realmente importante para embarcarse en esta aventura del voluntariado, una labor que «tiene que salirte de dentro». Por suerte para todos, a esta zamorana y a este emeritense nunca les ha faltado ni jamás les faltará ese necesario impulso interior.

 
 
1 Comentario
01

Por PLACENTINO2014 11:59 - 25.08.2019

Es un honor que haya voluntarios/as que no miren el reloj y estén siempre ahí para los mas necesitados, yo tambien fuí voluntarios varios años, pero la enfermedad me dijo basta y sé lo que la mirada de una persona cuando te dice GRACIAS AMIGO