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Alcaldes de ayer y hoy

 

10/03/2019

Rubén Morera Martín, alcalde de Cachorrilla
«Ser alcalde de tu pueblo te cambia la vida por completo»

Con sólo 28 años, Rubén Morera es probablemente el alcalde más joven de la provincia de Cáceres. Comenzó hace cinco al frente de Cachorrilla, un municipio de apenas 78 vecinos. «Ser alcalde te cambia la vida, sobre todo en un pueblo pequeño, con un trato muy directo con los ciudadanos. En los pueblos en vez de ir al ayuntamiento te van a buscar a casa para hacerte cualquier petición o consulta», explica. Su principal reto es atraer a nuevos vecinos para que se instalen en Cachorrilla, pero se encuentra con problemas como la falta de viviendas. Rubén no es alcalde a tiempo total, «pero estoy todo el día con ello porque tengo el teléfono del ayuntamiento desviado a mi móvil», apostilla. Por la mañana está en la casa consistorial y por la tarde trabaja en correos. Rubén está contento con las infraestructuras del municipio, que cuenta con piscina, gimnasio y zonas verdes. Tiene por delante mucho que hacer pero a la vez mucha ilusión por dar servicio a los ciudadanos de Chachorrilla, que en breve decidirán sobre su gestión.

Gervasio Martín Gómez, alcalde de Caminomorisco
«Nuestra preocupación ahora es la creación de empleo»

Alcalde con más de 31 años al frente de la corporación municipal de Caminomorisco, en la comarca de las Hurdes, Gervasio Martín es uno de los alcaldes históricos de la provincia. Considera que lo que más han cambiado han sido las demandas de los ciudadanos. «Ahora la preocupación es el empleo cuando hace veinticinco años lo que más se necesitaban eran infraestructuras. Lo teníamos todo por hacer. Aquí tuvimos que hacer desde los abastecimientos de agua, colectores, hasta depuradoras de agua en cada alquería», explica. Una demanda histórica que se hizo realidad fue la carretera comarcal que une Coria con Salamanca y que supuso fin al aislamiento de la zona. Gervasio insiste en que siempre quedan cosas por hacer, especialmente en lo que respecta a creación de empleo. Por ejemplo, muy pronto se pondrá en marcha la construcción de una planta de fabricación de pellets, con unos cien puestos de trabajo. También se espera que eche a andar en 2020 una residencia de mayores y se mantienen contactos con empresas de energía eólica.

Marifé Plata Herrero, alcaldesa de Cabrero
«Cuando llegué, el ayuntamiento tenía una deuda bestial»

Madre de tres hijos adolescentes, mujer trabajadora en el ámbito sanitario, y alcaldesa de Cabrero desde 2007. Ésa esa Marifé Plata, que también es diputada del Área de Igualdad. Recuerda que cuando llegó a la alcaldía hace tres legislaturas «el ayuntamiento tenía una deuda bestial y una gran dejadez administrativa. Era una ‘deuda histórica’ porque nadie se había preocupado por ella. Entré por desesperación, ya que el pueblo estaba bastante abandonado y yo quería que las cosas se hicieran bien y que los vecinos tuvieran buena relación entre ellos», asegura. Tras su labor en el pueblo ha cambiado casi todo, cuenta con un centro de día, consultorio, salas de velatorio y escuela. La puesta de una residencia de ancianos es una ‘espinita’ que tiene clavada. Pero todo se andará. Su gran aspiración es que un ciudadano de Cabrero pueda acceder a los mismos servicios que cualquier otro de la provincia, algo que ha conseguido, a pesar del atraso con que se encontró cuando llegó a la casa consistorial.

Antonio González Riscado, alcalde de Cedillo
«Mancomunidad y diputación son claves en el desarrollo de los pueblos»

Otro de los alcaldes que han hecho historia por su permanencia en el tiempo es Antonio González, que se puso al frente del ayuntamiento de Cedillo en 1987. «Lo conseguido en estos años no es mérito personal, sino consecuencia de la evolución de la sociedad. Cuando llegué a la alcaldía lo importante eran dos cuestiones. La primera de ellas era la puesta en marcha de un plan para que todos los vecinos tuvieran ingresos para vivir dignamente a través de su trabajo. Otro de los asuntos urgentes eran los problemas con el abastecimiento de agua potable. Hubo que ampliar el pantano al doble de su capacidad», explica Antonio González. Añade que la creación de la Mancomunidad Sierra de San Pedro ha sido clave para que municipios pequeños pudieran ofrecer determinados servicios al ciudadano. Un ejemplo es la recogida de basuras, arquitectos o los asuntos sociales, porque no se podía tener un asistente social en cada ayuntamiento. «La Diputación de Cáceres es la madre de todos los ayuntamientos. Nos ha ayudado tanto, que casi la mitad de las actuaciones han sido posibles gracias a la institución», explica. Muy pronto Cedillo tendrá sala de velatorio y nuevas viviendas sociales.

Antonio Cano, alcalde de Almoharín
«Pasamos de no tener nada a ir teniendo de todo en los municipios»

Si Antonio Cano suma su etapa como concejal y la de alcalde también supera con creces los 31 años al servicio de los ciudadanos. Es uno de los ‘históricos’ del municipalismo provincial y ha conseguido poner a Almoharín en el mapa de la creación de empleo. «Las mejoras han sido impresionantes en estas últimas décadas. Cuando llegué al consistorio en 1987 pasamos de no tener nada en los pueblos a ir teniendo de todo, poco a poco. Se pusieron en marcha servicios imprescindibles para la ciudadanía. Por ejemplo, aunque parezca increíble, servicio de agua potable, viviendas sociales, casas de cultura, pabellones deportivos, campos de fútbol. Lo más deseado entonces era tener agua en las casas porque había muchas averías en la red y era desesperante no tener agua», explica Antonio Cano. Asegura que las demandas de los ciudadanos se fueron satisfaciendo con el paso de los años. Ahora el empleo es la principal necesidad, aunque Almoharín tiene empresas cercanas en la zona de Vegas Altas y también en el propio polígono industrial del municipio, como la cooperativa de higos, la fábrica de bombones y de jamones y embutidos, entre otras.

Amador Álvarez, alcalde de Carrascalejo
«Ahora hay colas a diario de ciudadanos en el ayuntamiento»

En sus cuarenta años al frente del Ayuntamiento de Carrascalejo, Amador Álvarez calcula que ha conseguido que en el municipio se inviertan 10 millones de euros, una cifra impensable para aquel muchacho que un 19 de abril de 1979 se convertía en el primer alcalde democrático del pueblo. Y lo hizo de casualidad, porque unos amigos se empeñaron, y porque el anterior alcalde le dijo que era el único candidato querido por todo el pueblo y sin sospechas de actuar con revanchismo. Aceptó presentarse para una legislatura. Este año hará cuatro décadas. «Al principio los vecinos iban al ayuntamiento solo a resolver algún conflicto judicial. Ahora hay colas a diario porque damos muchos servicios: asistente social, ventanilla única, punto de atención catastral…», explica Amador. Lo más urgente a finales de los años setenta eran las pavimentaciones de las calles de Carrascalejo, que estaban hechas un barrizal. Las infraestructuras de Carrascalejo ya no se corresponden con las de un pueblo de solo 300 habitantes y se ha dotado de atractivos desde el punto de vista del ocio, al objeto de fijar población y de atraer visitantes, ya que Carrascalejo se encuentra a 180 kilómetros de Madrid.