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“Ser extremeño en Sevilla es muy fácil. Mucho más difícil lo tuvieron quienes emigraron al extranjero”

 

Reunión. Gonzalo, con los alcaldes de Guadalupe y Sevilla - EL PERIÓDICO

Reunión. Gonzalo, con los alcaldes de Guadalupe y Sevilla - EL PERIÓDICO

Juanjo Ventura AA MONOGRÁFICOS
08/09/2018

La vida de Gonzalo Martín Domínguez (San Martín de Trevejo, 1941) es un prodigio de preocupación por el patrimonio material e inmaterial de Extremadura, y también de Andalucía. Este maestro nacional jubilado atesora entre sus muchos méritos la reconstrucción de la antigua Ermita de los Santos Junto y Pastor de Cordobilla de Lácara, la preservación de la fala de Sierra de Gata, o la restauración de la Torre de los Guzmanes de La Algaba (Sevilla). Aunque, sin duda, su máxima labor haya sido la realizada desde la presidencia de la Casa de Extremadura en Sevilla, en pleno centro de la capital hispalense, que se ha convertido de facto en una oficina de turismo y epicentro de relaciones con Andalucía. Desde ella promovió la renovación de la solería de la zona de la catedral y la Giralda con granito de Quintana de la Serena. El resultado es que la foto que se hacen los cientos de miles de turistas en Sevilla lleva también un pedazo de Extremadura en sus píxeles.

-¿Se esperaba este reconocimiento a la Extremadura en la diáspora?

-Extremadura ya concedió una medalla a la emigración. Me ha sorprendido, aunque sé que tengo muchos amigos que me quieren demasiado y han empujado a toda costa para que esto fuera una realidad. También han apoyado el Ayuntamiento de Sevilla y el Ayuntamiento de Guadalupe, así como 40 consistorios más, así como más de 4.000 firmas. Todo es fruto de mi obsesión por Extremadura y por mi pueblo, San Martín de Trevejo, por A Fala, y por las tradiciones… En Cordobilla de Lácara promuevo una romería y el levantamiento de una ermita dedicada a los santos Justo y Pastor. Cuando estuve en La Algaba (Sevilla) vi una torre del siglo XV, la de los Guzmanes, que era una cárcel y logré su restauración total en solitario. Allí fundé dos asociaciones y una cooperativa de consumo, e instalé la feria infantil de libro. También puse en marcha un hogar del pensionista y a cada niño del Colegio Unitario le asignaba una persona mayor. Me dedicaba a llevarles de viajes y excursiones. ¡Llegaron a decirme que fui quien invento el Imserso! Bueno, yo siempre digo que ser extremeño en Sevilla es fácil, lo difícil lo tuvieron aquellos que fueron a Francia, País Vasco y Cataluña. Los extremeños somos embajadores y luchamos por nuestra tierra, potenciando todo lo que tiene. A mí me ha tocado en Sevilla.

-¿Qué instalaciones tienen en la Casa de Extremadura en Sevilla?

-A cincuenta metros de la catedral y de la Giralda, paralela a la avenida de la Constitución, la Casa de Extremadura en Sevilla dispone de 380 metros cuadrados que son una auténtica embajada para los extremeños y así lo estamos haciendo constar desde que soy presidente hace treinta años. Fuimos comprando espacios y tenemos una sede digna. También hemos realizado actos en los mejores espacios de Sevilla como los Reales Alcázares, la plaza Nueva, o el Teatro Lope de Vega, donde estuvo la Orquesta de Extremadura en una de sus primeras actuaciones en el exterior. Seguimos atentos a todo lo que Extremadura es y representa. Si Andalucía y Extremadura se quieren, nosotros tenemos la obligación de potenciar ese hermanamiento entre comunidades que han sufrido la emigración y la falta de atención.

-¿Se conocen en Andalucía las excelencias de Extremadura y viceversa, o persiste todavía algún tópico?

- Extremadura está conquistando las playas del sur de Andalucía, pero nosotros queremos que los andaluces sepan de una vez que Extremadura es una tierra rica en valores culturales, etnológicos, gastronómicos y monumentales. Ya muchos se han dado cuenta de que a una hora en coche tenemos Tentudía y a dos Mérida…

-¿Es cierto que quiere hermanar Itálica con Emérita Augusta?

-Hace dos años propuse al alcalde de Guadalupe, Felipe Sanchez, y al de Sevilla, Juan Espadas, que ambas ciudades se hermanaran, cosa que se consiguió en mayo. Las páginas de la historia de España no se entienden sin ambas ciudades, por eso tenemos la obligación de decir que ese camino se tiene que volver a abrir, porque todos lo que se hizo en el país entre los siglos XV y XVI se realizó entre ambas ciudades. Ahora como propuesta tengo la de hacer lo mismo entre Itálica y Emérita Augusta. Quiero colocar un azulejo en Itálica con una cuadriga y otro similar en Emérita Augusta.

-Usted ha tenido una gran preocupación tanto por el patrimonio inmaterial (como en el caso de A fala) como material. ¿Por qué ese interés?

-Los que nos precedieron nos dejaron un ecosistema maravilloso y nuestra obligación es preservarlo. Si hay un monumento que se cae, por desidia, por dejadez, hay que llamar la atención sobre él, como me pasó en San Martín de Trevejo, con el convento de San Miguel, que actualmente es la Hospedería Conventual Sierra de Gata. Antonio Ventura y Francisco Muñoz me ayudaron mucho en todo el proceso, junto con el propio alcalde. En La Algaba me encontré con la Torre de los Guzmanes, e hice lo mismo, ayudado en primera instancia por la princesa Sofía. En Sevilla fundé una intercomunidad de puente a puente y conseguí dedicarle una placa al poeta Luis Chamizo. Cuando me jubilé le dije al por entonces alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez de Monteseirín, que a la ciudad le faltaba un monumento al maestro, que se instaló en el puente del Alamillo.