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PERIODISTA Y COMUNICADORA

Carmen Seguín Kattán: «Mi madre me decía: ‘Estudia, que nadie te pise el poncho’»

 

La periodista Carmen Seguín. -

10/03/2019

– En su perfil de la red social Twitter se define como un «batiburrillo racial». ¿Qué significa exactamente?

– Nací en Ecuador, mi madre es de origen palestino y mi padre era gallego, de manera que soy tricontinental. Yo venía mucho a España de pequeña, sobre todo en verano, íbamos a visitar a la hermana de mi padre que era monja y residía en Mérida. Cuando llegó la hora de estudiar una carrera, decidí marcharme a Sevilla. Después estuve unos meses en Canadá y en 2006 me instalé en Mérida.

– Cuenta que, en Ecuador, siempre estudió en colegios e institutos solo femeninos

– Sí, solo tuve compañeras mujeres, y quizá por ello nunca tuve que entrar en competición con los hombres hasta llegar a la universidad. Te confieso que el hecho de haber estudiado en colegios solo femeninos es un poco complicado, después no sabes cómo relacionarte con los hombres, no sabes cómo comportarte, no lo naturalizas. Reconozco que la educación en centros solo femeninos te marca en muchos sentidos.

– Su madre ha sido un gran referente.

– Mi madre fue la primera presidenta mujer de los artesanos de Ecuador. Siempre vi en ella una persona muy fuerte que nunca se vio marginada por el hecho de ser mujer, tuve el ejemplo en casa y aprendí de ella que podíamos ser siempre cualquier cosa que nos propusiéramos.

– Al fin y al cabo, la educación, tanto la que se recibe en casa como la que se aprende en la escuela, condiciona tu manera de ser en la vida.

– Es cierto que en el colegio sí había un espíritu más tradicional donde se intentaba que las mujeres tuvieran el papel prácticamente de amas de casa y madres, y poco más. Recuerdo algo muy signiticativo: una niña ganó un campeonato nacional de halterofilia y la monja profesora en vez de felicitarla, la crujió delante de todo el mundo por hacer un deporte de hombres.

– Si hubiera tenido la misma educación en casa quizá no hubiera identificado que aquella monja se estaba equivocando...

– Efectivamente. Tanto a mis hermanas como a mí, mi madre siempre nos inculcó que teníamos que cuidar de nosotras mismas para no depender de ningún hombre ni de ninguna mujer ni de nadie. Siempre nos crió para que fuéramos personas independientes y libres y nos transmitió siempre esas ideas.

– Y, a sus ojos, ¿cuál cree que es el principal reto que tiene por delante la mujer hoy día?

– El hecho de que exista la maternidad, que nos quedemos embarazadas y que seamos madres, es el principal problema que tenemos, porque es lo que más nos diferencia de los hombres. Y eso deriva en que la conciliación recae siempre sobre nosotras. Debe haber un apoyo esencial a las madres, que no se las castigue cuando además quieren desarrollar su vida laboral. Mi madre lo resumía así: estudia, que puedas valerte por ti misma para que no seas la doméstica de ningún hombre, que no te pisen el poncho.