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ruptura con el estereotipo tradicional

María Fernanda rompió moldes

Se convirtió en la primera concejala de su grupo político y después se incorporó a trabajar en la mina de Monesterio, siendo una excepción en una profesión muy masculinizada// Las mujeres, en su mayoría, siguen ocupando empleos relacionados con el ámbito educativo, sanitario y doméstico

 

Maria Fernanda durante su jornada en la mina de Aguablanca. -

Julia y María Fernanda trabajadoras de la mina de Aguablanca en Monesterio. -

10/03/2019

Ha sido una de esas mujeres capaz de atreverse con profesiones con presencia y tendencia mayoritariamente masculina. En 1996 se convirtió en la única mujer concejala de su grupo y posteriormente se incorporó a trabajar en la mina de Aguablanca en Monesterio. Durante un periodo de trece años ha desempeñado su trabajo en el laboratorio de metalurgia donde se encargaba de llevar el control de planta y de optimizar los recursos. María Fernanda Vasco Vila, que ahora tiene 51 años, ha sido una de esas mujeres que rompió moldes.

La presencia femenina en el yacimiento de Aguablanca estaba en todos los departamentos excepto en el de mantenimiento, un 30% del total de los empleados eran mujeres. En pro de la inclusión y la igualdad, desde la empresa se adoptaron medidas de discriminación positiva. Pero por el contrario, en la alta dirección solo una se colaba entre los seis cargos directivos (a día de hoy, la mina se encuentra paralizada a la espera de que se alcance un precio de cotización de los metales que permita una explotación económicamente viable).

María Fernanda Vasco destaca el avance femenino en estos años en el terreno laboral, pero advierte que sigue habiendo fuertes muros. Porque, asegura, el reparto de responsabilidades en el ámbito familiar y doméstico aún no es equitativo; las mujeres siguen asumiendo la crianza de los hijos y las tareas domésticas: «En una jornada laboral de 12 horas diarias, la desigualdad de hombres y mujeres es más palpable en el terreno doméstico que en el laboral».

La presencia masculina en actividades relacionadas con la industria extractiva es ocho veces superior a la femenina, como se indica en el gráfico adjunto. En un sector tan masculinizado como la minería, «los enfrentamientos con los hombres han sido por los típicos micromachismos. Frases y comportamientos que ellos tienen interiorizados, como por ejemplo que la mujer no tiene la misma fuerza que un varón», destaca Vasco.

Ella ha vivido la realidad que reflejan informes como la Guía de Orientación y Empoderamiento de la Mujer, realizada por el Instituto Extremeño de la Mujer (Imex) y la Junta de Extremadura, donde se expone que «la segregación por sexos está presente no solo en el mercado laboral, sino también en los estudios profesionales y carreras. La elección profesional sesgada por sexos, que se hace en la educación Secundaria y Bachillerato, trae como consecuencia que la incorporación al mercado laboral se haga ya de manera segregada y que existan ocupaciones laborales femeninas y masculinas. Además, según esta guía, «la existencia de discriminación lleva a las mujeres a no invertir en el acceso a puestos y sectores en los que saben que van a encontrar barreras de entrada».

                                          Ocupados por sexo y rama de actividad (datos en miles).

 

Sentido necesario de igualdad

Según Domingo Barbolla, sociólogo y antropólogo de la Universidad de Extremadura (Uex), «todo va encaminado a las capacidades intelectuales, el mundo tecnológico es el presente y el futuro. Por lo tanto hombre o mujer, qué importa, se trata de la capacidad individual. La realidad está de parte de las mujeres, no se puede volver al 1900. La esperanza de vida era tres veces menor, de vivir 30 años a 100, eso lo cambia todo en la realidad social».

Siguiendo con el discurso sociológico, en el aspecto de los estereotipos de género, Barbolla remarca que «es vital para la supervivencia del grupo que los sujetos, hombre o mujer, estén vinculados a un modelo productivo en función de las capacidades individuales. Las actividades laborales serán ocupadas por individuos en función de la capacidad y la formación».

El ámbito universitario

En los últimos años, la presencia de mujeres universitarias ha sido superior respecto al hombre. Según el Observatorio de Indicadores de la Universidad de Extremadura, en las cifras de nuevo acceso al curso 2018/2019, priman las mujeres (2.639) en relación a los hombres (2.141).
Sin embargo, a pesar de estos datos, en su elección apenas se decantan por las carreras científicas. En las nuevas matrículas de los centros universitarios de la región, son los hombres quienes eligen mayoritariamente estudios científico-técnicos y ellas continúan eligiendo las relacionadas con la sanidad y la educación.

Con respecto a este tipo de elecciones, la ONU, con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, subrayó: «Los prejuicios y estereotipos de género que se arrastran desde hace mucho tiempo continúan manteniendo a las niñas y mujeres alejadas de los campos relacionados con la ciencia».

La historia continúa

Se han conseguido avances pero aún queda camino por recorrer. Las bases están puestas. Las palabras de Emilia Pardo Bazán, recogidas en la publicación ‘La Esfera’ el 14 de febrero de 1914, vuelven a cobrar actualidad. En ellas, esta precursora en sus ideas acerca del feminismo y los derechos de la mujer, expresaba: «Mi padre era muy feminista y me educó en una amplia libertad de conciencia: mira hija mía -me decía muchas veces- los hombres somos muy egoístas, y si te dicen alguna vez que hay cosas que puedan hacer los hombres y las mujeres no, di que es mentira, porque no puede haber dos morales para los dos sexos».
Queda su legado, y el de otras muchas. Y ejemplos como el de María Fernanda Vasco, que supo cómo romper moldes y estereotipos. 

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