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disidencias

E

 

Juan Manuel Cardoso Juan Manuel Cardoso
03/12/2019

La España contemporánea está emborronada, enfurruñada, enfadada y embrollada. La e está marcando su historia. Una historia eclipsada por escribanos de pega interesados en escribirla de nuevo para adaptarla a sus encefalogramas planos, a sus entusiásticos empeños en enjaularla como almas enfermas de olvido. La e marcará el futuro de una nación en manos de enterradores y ejércitos que solo desean ganar guerras y sepultar recuerdos. La e está marcando su presente, anulando la españolidad en favor del engaño y un eclecticismo equidistante y espurio, donde adquieren relevancia actores de tres al cuarto dejando fuera del escenario al discrepante, al disidente, al erudito y al excelente. La e putrefacta y contagiosa lo impregna todo y convierte la convivencia en enemistad, en vulgar el esfuerzo, en etéreos los sueños. Las Españas están dejando de serlo para transformarse en inquietantes eufemismos, a los territorios los alimenta el escarnio y un puñado de insensatos ha montado un laboratorio donde experimentar con las emociones del pueblo, la esperanza de la gente y el empleo de millones. No hay nada más peligroso que cuando alguien dice que desea salvarnos, que cuanto va a hacer lo hará por nuestro bien. Y, en los tiempos que corren, cuando hacen de la e un escalpelo de conducción temeraria en una cirugía elemental. Estamos en la España del enredo, donde se desvía la atención y se evacúa la trascendencia. Estamos en la España del escándalo, donde se encumbra al villano y se toma por estúpido al ciudadano. Estamos en la España del embuste, donde todo vale mientras que sea uno de los nuestros y el sujeto comulga de mi mano. Estamos en la España del espectáculo, donde desde la pequeña pantalla se nos inocula a diario el virus de la más descarada manipulación. Es una España cutre, pestilente, donde los afectados se ríen de las hemerotecas, donde los dirigentes actúan al dictado del cargo y de acuerdo con las palabras del apuntador. Una España ficticia por obra y gracia de extremistas a los que solo les vale su excéntrica y engañosa normalidad. Una España a palos que camufla su emergencia social, histórica y política tras discursos efímeros y edulcorados de excrecencia y devastación. La e de España nos está llevando a la c de confusión, a la l de luto, la n de nada, a la z de zafio y, en fin, a quedarnos sin palabras.