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La curiosa impertinente

16 muertas

 

Enero: Rebeca, Leonor, Romina, Soledad, Rebeca, Rosa, Kelly. Febrero: Rosa María, Daría, Sheyla. Marzo: Estrella, Gloria, María Jesús, María. Abril: Lily, Nelea. 16 muertas. Las matan en Laredo, en Fuengirola y en Lanzarote, en Santa Úrsula, Toreno y Zaragoza, en Dos Hermanas y Santa Cruz de Tenerife, en Alcalá de Henares, Reus y Madrid, en Estepona, Valga y Rey de Loeches, en Alicante, Barcelona y Vinaroz.

26, 47, 95, 25, 48, 69, 17, 60, 21, 29, 63, 58, 43, 39, 40, 30, 26. Sus años. Recuento atroz de números, macabra sucesión de vidas que no dejaron vivir. Adolescentes, ancianas, jóvenes y mujeres maduras, madres, abuelas, esposas, españolas o no, hijas seguro. A todas les han arrebatado todo.

Y ha sido en 2019, el año de las múltiples elecciones, el del juicio al Procès, el del Brexit y el miedo en el cuerpo a la crisis que viene. El año en que los anticasta se volvieron casta.

En el que los populismos se visten de constitucionalistas y nuevos partidos cuestionan las medidas para combatir la violencia contra la mujer, mientras defienden el uso libre de las armas para proteger su hogar. 2019, el de la revolución de los pensionistas y los viernes sociales, el mismo año en que ninguno de los líderes de los grandes partidos, otra vez, es una mujer.

El año incierto, cuando aún no se sabe si Pedro Sánchez gobernará con Podemos, con Ciudadanos o con Frankenstein, pese a las proclamas y vetos preelectorales, ni si gobernará.

2019 se arrastra sangriento, mientras en tres meses y medio se duplica el número de mujeres muertas, que a estas alturas en 2018 era de 7.

Se arrastra con las mismas prédicas, los gestos inútiles, las mismas miserias, y aunque no sabemos el resultado final, fracaso es el nombre.

16 muertas a las que no afecta ya nada de lo anterior. Ni las buenas intenciones, ni las políticas estériles, ni la frialdad de las estadísticas, ni el horror que ya vivieron y por el que ya no están.

Y es que no nos queda suficiente voz para gritar un ¡Basta ya! suficientemente fuerte. Ni con la suficiente rabia, ni, sobre todo, con la suficiente eficacia.