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La Chorrera

Los 40 días de agosto

Aplicamos el concepto de política a cuestiones electorales o de lucha de poder

 

José L. Aroca José L. Aroca
09/09/2018

En Extremadura agosto es más largo que en otros sitios. Final de mes, cuando hay operación retorno generalizada, en buena parte aquí es operación salida. Se busca septiembre, muy cerca del mes estrella, pero en el que los precios vacacionales bajan algo y también la congestión en las grandes zonas turísticas, una economía de viaje muy adaptada a los sueldos medios de la región.

Además un día la política unió a la festividad de la patrona católica, la Virgen de Guadalupe, la festividad regional, algo que hizo en su día que el entonces líder del Partido Comunista, el recordado Manuel Parejo, le preguntara públicamente a Rodríguez Ibarra que dónde y cuándo se le había aparecido la Virgen de Guadalupe, como para proponer en esa fecha la festividad regional, el Día de Extremadura.

Por eso mientras en otras comunidades muy tempraneras como Cantabria han empezado los colegios -con una huelga de profesores ya en el primer día este viernes pasado, ojo al dato, y no salgo de mi asombro- aquí se estira agosto fundiéndose como un chicle con septiembre, y también porque el escenario de la política, Mérida, vive de siempre sus ferias y fiestas en la primera semana del mes de la vuelta al cole.

Una siesta vacacional prolongada unos pocos días más, de esas perfectas en la canícula agosteña una vez bien bebido y comido, que apenas se ve alterada por las celebraciones del Día de Extremadura; un letargo que el despertador de la operación retorno radical cortará de golpe este lunes 10, y por todo lo alto en el mundo político o de los partidos (no tienen que ser lo mismo) con el hacerse oficial el desembarco de Vox, partido de extrema derecha, en el ámbito regional.

De la mano del exdiputado del PP Juan Antonio Morales, y el exalcalde de Guadiana del Caudillo, Antonio Pozo, la noticia y expectativa no es tanto la presencia de Vox en el tablero de partidos, ampliándolo, como el daño que ella pueda hacer a los populares de José Antonio Monago, a quienes se le fueron gente por el lado centrista a Ciudadanos, y ahora por la derecha algunas bajas pueda haber en beneficio de Vox.

Partidos. Por eso decía, que muchas veces aplicamos generosamente el concepto de política a cuestiones meramente organizativas, electorales, o de lucha por el poder, cuando la gestión de los asuntos públicos, la política verdadera, es algo mucho más profundo e importante.

Mientras se hable de balances electorales, de sumas y restas, de un Ciudadanos que se desinfla presumiblemente, de un PP extremeño incógnita con la sombra nacional de Pablo Casado y una cierta idea de agotamiento, o de los dientes de sierra en un Podemos más dispuesto a alianzas con el PSOE, no lo hacemos de los asuntos siempre pendientes para España y su derivada en Extremadura: el presupuesto público y la fiscalidad; un modelo económico y laboral no tan frágil y fiado en buena parte al turismo así como falto de innovación tecnológica e industrial; el mantenimiento y futuro de las pensiones, que hoy son un pilar socieconómico de primera; luego también podemos hablar, en otro plano, del cierre verdadero y con sus consecuencias de la Memoria Histórica, de la inmigración controlada y su relación con el reto demográfico, y hasta de las tonterías diarias paridas por el independentismo catalán y el sainete a ritmo autóctono de sardana…

Seguimos siendo un país que gasta más de lo que ingresa. Que vive a fuerza de rescates y préstamos del Banco Central Europeo, engordando día a día la deuda pública, esa que parece que no se paga ni se va a devolver -impagable, dicen algunos economistas- pero que realmente día a día se abona en dinero pero también en especie, con una tutela de las políticas y gasto público por parte de Bruselas que no nos debe extrañar.

¿Tienen alguna culpa Merkel o Draghi de que gastemos más de lo que ingresamos? No son responsables de que la fiscalidad en España haga aguas para con quienes más han de aportar, y las grandes corporaciones y empresas disfruten de una ingeniería de desgravaciones, deducciones, fundaciones, etc., que al final hace que tributen un tercio de lo que debieran.

¿Y por qué se ha dejado que se saquee la caja de la Seguridad Social para fines impropios, como es impulsar medidas sociales o económicas (tarifas planas), cuando ese dinero es de y para pagar pensiones exclusivamente? Empieza un nuevo curso, y todo sigue pendiente.

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