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Nueva sociedad, nueva política

Desde abajo

 

ENRIQUE Pérez Romero
01/04/2013

Algunas de las experiencias políticas más novedosas del último lustro tienen en común que se han originado desde la base social, y no desde las instancias institucionalizadas. El 15-M o la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), por poner los ejemplos más claros de éxito en movilización social y en capacidad de influencia sobre el ámbito político tradicional, son iniciativas ciudadanas que surgen estrictamente desde abajo.

Cuando se realiza la contraposición entre "abajo" y "arriba" se está definiendo con bastante precisión la situación de un país donde, desde siempre y también desde 1978, "arriba", las élites políticas y económicas han sido determinantes en la configuración social y, por cierto, según multitud de análisis, lo han sido para mal; mientras, "abajo", una inmensa mayoría de población de renta y riqueza bajas y con escasa capacidad de influencia, se ha venido movilizando solo ante acontecimientos extraordinarios. Parece claro que la actual crisis económica, social y política, que dura ya seis años, es uno de esos momentos especiales.

"Desde abajo hacia arriba" tiene muchos significados que se complementarán en la evolución que necesita España. Desde abajo hacia arriba es desde los pueblos y las ciudades pequeñas a las grandes ciudades, desde las bases de los partidos políticos a sus direcciones, desde la ciudadanía sin poder y sin dinero hacia la cúpula que acumula el noventa por ciento del capital. El verdadero reto es que toda esa base social, que supone la inmensa mayoría de la población, sea capaz de crear espacios de diálogo y consenso que permitan la unión y la defensa de sus intereses comunes. Eso es lo que todavía no ha pasado y la condición necesaria para un cambio de verdadera envergadura.

¿Cómo puede un ciudadano que llega a fin de mes apuradamente sentirse representado por un partido político cuyo extesorero acumuló decenas de millones de euros en Suiza? ¿Cómo puede un socialista convencido confiar el liderazgo de su partido a alguien que tiene un patrimonio de millones de euros o un sueldo anual de centenares de miles? ¿En verdad alguien cree que burócratas que han pasado toda su vida de hotel en hotel entre Madrid y Bruselas se sienten concernidos por lo que ocurre en un pequeño pueblo de Extremadura? ¿Cómo puede alguien que ni siquiera imagina que su cuenta corriente baje de las seis cifras saber lo que supone un desahucio?

Todo esto, que necesitaría muchos matices que no caben en el espacio de estas líneas, nos debe llevar a la conclusión de que quizá han cambiado las "trincheras" o, mejor dicho, que son las que siempre fueron, tras el espejismo de unas cuantas décadas. Porque, no lo duden, un desahuciado miembro de la PAH y votante del PP tiene más en común con otro desahuciado miembro de la PAH y votante de IU que con Luis Bárcenas . No lo duden.

 

XPOR TODO ELLO,x el cambio que necesita la sociedad española solo puede producirse de una manera genuina de abajo hacia arriba. Por ejemplo, los partidos deben cambiar desde abajo (las agrupaciones locales) hacia arriba (las direcciones nacionales) y no al revés, como sucede ahora. Lo mismo ocurre con el pacto social en su globalidad. No olvidemos que la Transición se llevó a cabo desde arriba (un pacto entre el franquismo y el antifranquismo) que, solo cuando ya estaba cocinado y casi digerido, fue reforzado desde abajo mediante referendos y elecciones generales. Fue un pacto de las élites.

En este momento histórico crucial, todos debemos comprender que España necesita un pacto de ciudadanía, y no de élites; unas élites que, además, han demostrado ser incapaces de gestionar bien nuestro destino y de innovar al ritmo que necesita nuestra sociedad. No es, por tanto, una reforma de la Constitución acordada de nuevo por los dos grandes partidos y los poderes económicos lo que nos hace falta, sino un proceso constituyente en el que la ciudadanía entienda que debe implicarse, porque de su resultado depende su futuro y el de muchas generaciones. Un pacto en el que "los de abajo", es decir, el 90%, debemos imponer de una vez por todas el modelo de justicia social que necesitamos. Y eso, como es lógico, no puede comenzar desde arriba. ¿Es esto una revolución? Quizá se le parece mucho.