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En la otra esquina

Abusadores

 

CARLOS Ortiz
03/06/2019

Espelunazdo por la trágica historia de la trágica historia de Verónica, la trabajadora de Iveco que decidió suicidarse en casa tras la difusión entre los empleados de su empresa de un vídeo de carácter privado y de contenido íntimo, me pareció que ya era hora de decir basta a tanto abuso sin castigo en las redes. Si a cualquiera de nosotros nos grabaran un vecino un vídeo en nuestra casa haciendo lo que nos parezca y luego se lo reenviaran a nuestros conocidos nos parecería un abuso en toda regla. Pues eso mismo le ocurrió a Olvido Hormigos en el pueblo del que era concejala y donde tuvo que tragarse, aun con la decencia de no dimitir, que alguien hubiera filtrado unas imágenes suyas de contenido sexual por la razón que fuera, si acaso eso tuviera justificación, que seguro que no, para chantajear al prójimo con su sexualidad.

Creo, ya de una vez por todas, que es hora que la Justicia tome cartas en el asunto e imponga una sentencia ejemplarizante a quienes creen que todo vale porque tengan un móvil en la mano. Nadie, ni usted ni yo, estamos libres de que un delincuente, porque así hay que llamarle, eche mierda sobre nosotros porque hayan tenido acceso a nuestra intimidad. Entiendo, por seguridad de todos, adultos y menores, que ha llegado la hora de poner freno a quienes difaman, ensucian y humillan a los demás porque dispongan de acceso a su vida privada. La mujer de Iveco, madre de dos hijos, se quitó la vida porque no aguantó la presión de sentir el abuso de unos pocos. Esos pocos, y de otros muchos más que lo difundieron, deberían sentir que están cometiendo un delito cuando reenvían un vídeo o cualquier otro contenido privado de una persona a la que están destruyendo.

Por eso, la sentencia de este caso debe ser implacable, ejemplo de lo que no tiene que ser una sociedad en la que se ríen las gracias a través de internet. No consiento que nadie me grabe, ni a mí ni a los míos, para subir imágenes a Facebook. Debería estar prohibido hacerlo si no hay una autorización expresa y por escrito. Las imágenes de Verónica eran de hacía cinco años y nadie pudo frenarlo. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar a los abusadores de la red?

* Periodista