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Zona zero

Albañiles

 

Juan José Ventura Juan José Ventura
25/06/2019

He escuchado muchas veces la palabra ‘albañil’ utilizada en tono despectivo. Mi abuelo materno lo era y mi suegro, ya jubilado, fue encofrador. Siento un profundo respeto por esa profesión, sentimiento que se ha agigantado este fin de semana tras asistir al Festival Chinato de Albañilería.

Allí bajo los rigores de este verano que apunta maneras, veinticuatro cuadrillas se las tuvieron que ingeniar para hacer una bóveda de cañón cruzada con un hiperboloide. Casi nada. El planteamiento del ejercicio propuesto era de tal dificultad que algunos no pudieron poner un ladrillo siquiera. Solo tres completaron el problema y, según el jurado, ninguno lo hizo bien. Yo creo que no hubiera sabido ni poner una cuerda de las 16 que hacían falta para simplemente plantear el ejercicio.

Allí, en el parque municipal de Malpartida de Plasencia, esperando la entrega de galardones, estaban los profesionales de la paleta tomando un tentempié después de la prueba. Me ofrecieron una cerveza y un ‘pinchino’ de lo que llevaban encima y me invitaron al almuerzo de hermandad que después se celebraría.

En él me senté con cuadrillas de Trujillanos, la Nava de Santiago y de Riolobos. Me lo pasé estupendamente con sus gajes del oficio. Me enseñaron las fotos de su familia, de sus hijos, y de los concursos de albañilería en los que participaban. A la mesa incluso se acercó un compañero mayor y les explicó los secretos del ejercicio. Parece que eso de los concursos de albañilería es toda una religión. Los hay cada uno con sus dificultades y con sus particularidades, según me contaron. En las fotos de sus móviles estaban ellos, orgullosos, ante monumentos de ladrillo y cemento que hacían imposibles espirales hacia el cielo. Los albañiles han sido los ‘paganinis’ de la crisis inmobiliaria y ahora la profesión parece que vive horas bajas. Espero que eso nunca suceda, porque gracias a ellos tenemos un lugar donde vivir. Otra cosa es lo que se especula con los pisos. De eso ellos no tienen la culpa. Refrán: No le pongas mesa al albañil hasta que le veas venir.