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La curiosa impertinente

Por la boca

 

La vida política actual española es un manantial inagotable, una fuente nutricia, una constante inspiración. No de alegrías, ni de sensatez, generosidad, inteligencia o altura de miras. Hay en ella poca belleza objetiva, nula épica y escasísima enseñanza positiva, por mucho que alguien se empeñe en buscarla. Pero, aun vacía de sabiduría por parte de sus protagonistas, es pródiga en ejemplos de lo que no se debe decir ni hacer, repleta de elementos para la parodia, la sátira y la cuchufleta, ubérrima en frases tontas, campanudas, huecas, y hasta amenazadoras, que solo con citarlas, sin siquiera comentarlas, sirven por sí solas para inspirar un artículo.

Reparen ustedes por ejemplo en esas palabrejas del presidente en funciones considerando, supongo porque no le molan a él, que "a nadie le apetecen los debates". El hombre se ve fresco, hasta considerar en su ciega petulancia que un futuro sin él rayaría casi en desgracia española. Pero vamos, eso de debatir, no. Que no apetece. Que hay que preparárselo. Como mucho hay que cumplir unos estándares democráticos. Y ya. Así lo dijo y se quedó tan pancho. Dígame usted, entonces, amable lector, en caso de que sea abogado, por qué no confesarle a un cliente que no le apetece ir a un juicio, o, si es usted médico, a un paciente que no le viene en gana estudiarse su dolencia. Yo, por mi parte estoy dispuesta a poner las notas a ojo, que eso de corregir es un rollo con el que no puede competir ni de lejos un debatillo de tres al cuarto.

Así le ha puesto en bandeja la consiguiente amenaza al lobo disfrazado de cordero: "Cuando nosotros gobernemos deberemos obligar a que participar en debates sea algo que no pueda eludir alguien que quiere ser presidente del Gobierno", ha proferido Iglesias, con cara de bueno. ¿Deberemos obligar? Pero ¿qué sintagma es ese repleto de imperativos? Y es que otra vez de la abundancia del corazón habla la boca. Uno queriendo eternizarse en la poltrona nada más que porque sí. Y el otro con una ansia de control que, como ganen ellos y sus confluencias, nos vamos a enterar.

 
 
1 Comentario
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Por vistacorta 9:04 - 08.05.2016

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Toda persona lleva dentro de si un dictador, y seguramente en mas de una ocasión lo ha sacado. Los políticos son personas y cuando llegan a mandar, su comportamiento dista mucho de lo que predican desde la oposición, esto incluso sin tener mayoría.