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Desde el umbral

Cántaros y fuentes

 

De tanto ir a la fuente, muchos cántaros acaban por romperse. Está constatado que eso ocurre en múltiples circunstancias y en diversos emplazamientos. Pero, en nuestra tierra, en Extremadura, parece que la sentencia del refranero no tiene vigencia alguna, ni metafórica ni literalmente. Porque llevamos décadas viendo cómo los cántaros se pasean de acá para allá, y no se rompen. No sé si en ello tendrá algo que ver que siempre van y vienen vacíos, y eso los protege de bamboleos y temblores. El caso es que la gente sigue comprando los recipientes para aplacar la sed, aunque solo les vendan cuencos de cerámica, bien amasados, pero sin gota del líquido elemento. Oigan, y que conste que uno no tiene nada que objetar a que cada cual elija lo que prefiera para calmar su sed. Que si la gente prefiere darle bocados a un puñado de barro, algo tendrá el material cuando lo bendicen. Pero lo que no parece ni sano, ni lógico, seguir ensimismados en espejismos de manantiales inexistentes, cuando nos estamos muriendo de sed.

Y hablando de cántaros y fuentes, uno se entera de que, por no haber, en los centros educativos de nuestra región, no va a haber ni atisbo de las dichosas fuentes de agua fría a las que la Junta se comprometió tras la ola de calor del año pasado y los consiguientes debates parlamentarios. Pasó el año, con sus 365 días, y ni cántaro, ni fuentes, ni un espiche de Salvatierra con agua fresquita. Dicen los que mandan que se hizo lo que se tenía que hacer para que las fuentes estuvieran, pero que vienen de Italia y no han llegado aún. Así que, nada, a esperar, que ya llegarán. Si no para este curso, para el siguiente, o para el otro. Y que nadie se sorprenda, porque este es el proceder habitual de los poderes públicos en nuestra región. Y tampoco armemos demasiado ruido, que la voluntad mayoritaria del pueblo se ha decantado, nuevamente, por los que deambulan, de un lado para otro, con los mismos cántaros vacíos desde hace décadas. O sea: que toca seguir pasando sed, y dando gracias a Dios porque la saliva aún hidrate nuestras gargantas. Que no nos falte nunca.

*Diplomado en Magisterio.