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La trastienda // el artículo del director

Qué caray, hablemos de España

La españolidad de los candidatos y su opinión sobre el problema catalán se cuela y protagoniza el debate político extremeño

 

Qué caray, hablemos de España -

Siempre el tema nacional ha estado presente en una campaña electoral extremeña, pero nunca hasta ahora España. La españolidad del candidato se suponía que venía de serie. A nadie se le exigía que tuviera que sacar el DNI para ponerse al frente de una candidatura. Sin embargo, en estos momentos que vivimos, con una concentración montada hoy en Madrid por PP, Cs y Vox --y un PSOE que ha tenido que dar marcha atrás en su planteamiento imposible del ‘relator’--, lo español debe demostrarse y, si me apuran, hasta exagerarse. Tanto, que Monago ha retado esta semana a Vara a acudir a la cita madrileña de hoy ‘Por una España unida’ «para darle un abrazo de español a español» en respuesta a lo que el propio Vara dijo en una entrevista en este periódico de que «a mí a español no me gana nadie». No deja de ser curioso que, a tres meses de los comicios autonómicos de mayo, estemos hablando de España, y por ende de Cataluña, más que de los problemas que afectan a Extremadura. El secesionismo catalán ha despertado al nacionalismo español, agazapado (y quizás acomplejado por tiempos pasados), y se ha convertido en una especie de reválida para todo aquel que quiera aspirar a ganar unas elecciones.

Ni en sus mejores sueños Monago y el PP extremeño podían esperar mejor escenario cara al 26M. Hace solo unos meses estaban fuera del tablero de juego, pero ahora tras los desaciertos de Pedro Sánchez sobre Cataluña y la emergencia de las derechas tras las elecciones andaluzas, tienen una oportunidad. Claro está, para eso tienen que sumar y para eso también tienen que tumbar la españolidad de Vara, que dicho sea de paso está alineado en el bloque de barones españolistas y constitucionalistas que también tiene el PSOE.

El bastión socialista extremeño es muy complicado de derribar. Ni en los mejores momentos del PP de Aznar hubo manera. Tuvo que llegar Zapatero para que la ola de Madrid quitara de en medio al PSOE. A eso se ha apuntado ahora Monago y los suyos, a que la ola nacional provocada por Pedro Sánchez se lleve por delante a Vara aunque tenga que ser con la suma resultante de PP, Ciudadanos y Vox. Y a eso estamos jugando, a sumar entre las tres derechas más que el PSOE y Podemos y más tarde a poner en un brete a Ciudadanos para que tenga que apostar por el cambio como hizo en Andalucía aunque sea con Monago que ya viene de vuelta.

La rectificación del Gobierno y ruptura de Pedro Sánchez con el secesionismo catalán ha hecho respirar a las baronías socialistas. De repente, pareciera que el presidente del gobierno se hubiera despertado de su ingenuidad para con Cataluña. Su apuesta por el diálogo podría ser noble porque rompía con la inacción anterior representada por Rajoy. Pero su escasa representación parlamentaria y la inmovilidad del nacionalismo catalán, a las puertas del juicio del ‘procés’ y supeditando cualquier acuerdo a un referéndum basado en la capacidad de decidir, ha hecho que todo salte por los aires, no sin antes encender la calle las derechas aprovechando que la vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo, caía en el error de aceptar la figura del ‘relator’. Pareciera, de repente, que se le resta legitimidad al Gobierno y se le da carta de naturaleza estatal a Cataluña cuando no es más que parte del territorio español.

¿En qué cabeza cabe, cómo está la cosa, que echarle gasolina a la lumbre? Excusa perfecta para sacar las banderas de España a la calle y poner contra la pared al gobierno pidiendo un adelanto electoral. El PP pone la pancarta, Ciudadanos le sigue y Vox se lleva más votos. Veo elecciones generales a la vista, sobre todo porque esta ruptura con los nacionalistas catalanes impide un acuerdo presupuestario que era la energía que precisaba Pedro Sánchez para agotar la legislatura y presentar un escenario de ‘normalidad’. Cabe la excepción de que Esquerra y el PDCat vean en la manifestación de hoy en Madrid un éxito de las derechas y un peligro aún mayor para sus aspiraciones, lo que podría traducirse en insuflarle aire al PSOE de Pedro Sánchez unos meses más.

De lo contrario, o habrá elecciones en otoño o el susodicho ‘superdomingo’, ese 26 de mayo donde coincidirían nacionales con autonómicas y municipales. En Ferraz y en Moncloa sigue pesando la tesis de que los candidatos locales y autonómicos soportarían mejor la presión nacional, aunque en las baronías se resisten a recibir en sus feudos la bofetada de Sánchez. Mientras tanto, que caray, sigamos hablando de España y de la españolidad, que son votos para todos, sobre todo para los aspirantes.