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La chorrera

Carreteras

En Extremadura las grandes manifestaciones con altercados han sido siempre del campo

 

Carreteras -

José L. Aroca José L. Aroca
09/02/2020

Este lunes se conocerán más datos sobre los cortes de carretera que las dos organizaciones agrarias ideológicamente más conservadoras, Apag Asaja y Asaja Cáceres, pretenden hacer a final de mes para, el dirigente de la segunda García Blanco no se ‘corta’ al decirlo, colapsar Extremadura y que no entre nadie por carretera, ni supongo salga; Blanco se ha apresurado a dar los 11 puntos previstos en la provincia de Cáceres, aunque todo ello va a depender también de la autorización por parte de la Delegación del Gobierno.

En Extremadura las grandes manifestaciones con altercados de las últimas décadas han sido siempre del campo, hubo una que acabó a palos ante la residencia oficial del entonces presidente Rodríguez Ibarra en Mérida, con manifestantes y agricultores corriendo por los terraplenes y paseos del Guadiana; Asaja ha sido siempre particularmente reivindicativa, con un dirigente, Óscar Baselga, que luego pasó a la política y fue delegado del Gobierno en la región con el PP.

Se anuncian cortes, y también Pablo Casado da instrucciones a sus delegados de política territorial y agricultura para que empiecen a recorrer España con las protestas de los agricultores, más el descontento de la España rural y en despoblación, de fondo.

Nadie discute el problema y razón que tienen los agricultores, están en su pleno derecho de intentar acabar, o por lo menos frenar su evolución, un proceso que devalúa su actividad y su producto, a manos de la industria, intermediarios, grandes empresas comerciales de distribución -los que tienen las tiendas-, y también a manos de eurócratas de Bruselas, esos que en sus negociaciones con otros países y agrupaciones comerciales de algunas regiones mundiales, toman siempre la agricultura como moneda de cambio o de sanción, frente al verdadero trueque de fondo que son los productos industriales y tecnológicos.

También el consumidor tiene algo de culpa, y especialmente el urbanita, que en el hipermercado solo mira el precio, sin detenerse a sopesar orígenes y calidad, optando por el más barato. Pero a la vez reclama desde una cómoda posición de desastre ambiental generalizado como son las grandes ciudades, que los productores del campo sean muy ecológicos y les pongan en la mesa alimentos de enorme y singular calidad, a precios irrrisorios.

Un consumidor que no duda en gastar 400 euros en un móvil, o 30.000 en un ‘SUV’ de moda, aunque sea a plazos durante un quinquenio, pero mira el céntimo entre unas naranjas y otras para acabar masticando cítricos sudafricanos con pesticidas, o bollería industrial cargada de azúcares y aceites de palma.

Es muy bueno que la encrucijada del pequeño y mediano productor agrario, sus problemas de retribución justa por lo hecho, y de remuneración por su parte de salarios y otros costes, se pongan sobre la mesa, para garantizar la calidad y soberanía alimentarias, además del sostenimiento de unas rentas personales y familiares de quienes, además de alimentar a las grandes urbes, están manteniendo el paisaje y los pueblos; porque la concentración productiva por la ‘globalización’ sí puede acabar con ellos ya que es cierto que siempre habrá agricultura, pero no tiene por qué estar aquí, igual que los artículos textiles de gran consumo tampoco se elaboran ya en Europa.

Es necesario introducir también un análisis ideológico en el asunto. El sentido de que Europa abra puertas a productos de países poco desarrollados es el de un intercambio justo y con el horizonte del progreso de aquellos, no con el del empobrecimiento de nuestros agricultores; unos y otros, aquellos y estos, presa de los manejos mundiales de multinacionales de la alimentación y distribución.

Y un factor ideológico también, la actuación estratégica de los partidos políticos y organizaciones agrarias demócratas y progresistas envueltas en el asunto. A los que el ministro Planas no hizo un favor con la torpeza de decir que él no podía fijar los precios, cuando sí puede intervenir en un margen de conformación de los mismos, y debe hacerlo como responsable político; de hecho días después accede al avance en medidas en ese sentido. Pero no es fácil, y ahí está el ejemplo francés, con una ley que lleva año y medio en vigor pero que no impide continuas manifestaciones de productores reclamando aún precios justos.

* Periodista

   
1 Comentario
01

Por vistacorta 8:25 - 09.02.2020

Hace años un día escuche decir a una mujer en la puerta de una cooperativa agrícola, que primero había que consumir las frutas españolas, yo le comunique que estaba de acuerdo con ella, pero que los trabajadores de SEAT, RENOL, FORD, OPEL, a lo mejor compartían sus argumentos, pero no sus quehaceres, tenia aparcado a unos 10 metros su coche marca VOLVO.