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Carta al director

 

08/02/2019

El relator

Manifestación ridícula

Emilio Díaz Ledesma // Madrid

El que tiene boca se equivoca. Y más en política, donde influyen demasiados factores y demasiadas pasiones. Como todos en tantas ocasiones, Sánchez se ha equivocado ahora al hacer público su «relator» con los separatistas catalanes. Porque casi siempre los ha habido, aunque fuera en secreto, como un intento más de solución de los conflictos, incluso con ETA. Y hasta al tan pasivo Rajoy hay que reconocerle el mérito de haber ido teniendo al menos tres con los independentistas catalanes.

Llamarle por eso «traidor a la patria» y «felón» a Sánchez revela sólo la rabieta del PP por haber conseguido el PSOE echarle --con los demás partidos parlamentarios, no hay que olvidarlo-- de un Gobierno cuya corrupción merecía mucho más esos adjetivos. Esa manifestación y la que convoca para el domingo Casado, como todo lo excesivo, resulta irrelevante e incluso ridícula.

Pobreza

El efecto balsámico de la hipocresía

Santiago Ortiz // Córdoba

«Si hay miseria, que no se note», fue el subtítulo de un artículo de 1984 de Jorge Luis Borges, La hipocresía argentina. Borges contaba que en 1978, durante la dictadura militar, distribuyeron ropa entre la población más desfavorecida para que los visitantes del Mundial de Fútbol no notasen la pobreza de Buenos Aires.

En la España de 2019, analizando las propuestas electorales y la carestía de los recursos de servicios sociales, parece que la pobreza no existe, que es cosa del tercer mundo y que la crisis económica nunca existió ni dejó secuelas. Algunas veces las políticas sociales parecen directrices de hipócritas dictadores del cono sur: les das ropa limpia a los que duermen en cajeros automáticos, pero en recursos residenciales, poco; en servicios médicos, lo justo, y la gente se autoadoctrina con que la pobreza es un problema personal y no político, ni sanitario, porque los que duermen en la calle tienen una salud de hierro.

Cuando Borges vivía aún no existía el neologismo aporofobia, que es odio a los pobres o excluidos sociales. Pero lo peor no es decir «aporofobia», sino ignorarla, como el racismo. El hecho de que los programas electorales ninguneen los servicios es atacar derechos civiles y humanos. Mientras tanto, que no se note; la hipocresía siempre ha sido algo balsámico.

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