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Cartas al director

 

15/03/2019

Uso de las tics

Educación virtual

Pedro Feal Veira // A Coruña

Se denomina educación virtual a la nueva forma de enseñanza basada en las actuales tecnologías de la información y de la comunicación (TICs) consistente en realizar online o telemáticamente la transmisión de contenidos, la resolución de problemas, la interacción docente, y en suma, todas las actividades académicas que hasta ahora, en la llamada educación tradicional, requerían de la presencia real, cara a cara, de profesores y alumnos en un espacio físico compartido, el aula.

Las ventajas de la primera son claras: es económica y ecológica, pues no requiere de libros en papel ni (si se realiza a domicilio) del uso del transporte escolar; es igualitaria y democrática, al llegar a todos en todas partes; permite que cada cual aprenda a su ritmo; puede contribuir a evitar la conflictividad tan frecuente en las escuelas, y sintoniza con la afición de los jóvenes por la tecnología digital. Lo cual, unido al exponencial aumento de tutoriales y cursos de todo tipo en internet, invita a pensar que en un futuro próximo este tipo de enseñanza será la dominante, mientras que la tradicional ocupará una posición meramente residual y subordinada.

Sin embargo, de ser así se irán perdiendo aspectos tan importantes en el aprendizaje como el contacto interpersonal, la socialización afectiva y la guía o inspiración, académica y vital, de profesores de carne y hueso, lo que acarreará cambios no solo en la educación, sino también en el modo de entender las relaciones humanas en general. Esperemos pues que el sistema de enseñanza del porvenir sea capaz de armonizar e integrar lo mejor de ambos modelos educativos sin eliminar a ninguno.

15 de marzo

Beneficios desorbitados

Miguel Fernández-Palacios Gordón // Madrid

Con motivo del Día Mundial de los Derechos del Consumidor, deberíamos reflexionar sobre algo que, al menos a mí como cliente, me resulta escandalosamente llamativo: Cuando compramos un producto o servicio, no queremos pagar de más; pero a juzgar por las crónicas económicas no es así. Las compañías alardean de inmorales beneficios de miles de millones de euros y se pavonean entre sí por ver cuál logra el récord. A tenor de estas rentabilidades astronómicas, se infiere que han cobrado más de lo razonable en su afán de apoderarse como sea del dinero ajeno.

Uno es libre de comprar o no; aunque en demasiadas ocasiones no hay opción: electricidad, gas, tanatorio, transporte o agua, son servicios de primera necesidad. Antes eran públicos y garantizaban un precio justo. Tras privatizarse, el desbocado ansia de lucro impuso una vertical escalada de precios que nos convirtió en víctimas de un gran fraude especulador forzándonos a desembolsar más de lo éticamente justo.