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Cartas al director

 

10/06/2019

MEDIOAMBIENTE

Coches eléctricos

Víctor Mengual

Hasta hace dos años el Gobierno de España subvencionaba la compra de coches de combustión. Pero a los que nos faltaban seis pesetas para un duro no pudimos aprovecharnos, a pesar de que también pagábamos con nuestros impuestos la subvención a aquellos que sí podían comprarse un coche nuevo y reluciente. Aquel tren pasó para mí y para una multitud de gente como yo que, a pesar de necesitar un coche nuevo y poder evitar las averías y los continuos problemas para pasar la ITV, no nos lo pudimos comprar. «¿Qué le vamos a hacer? Aguantaremos así», nos autoconvencimos.

Ahora, la moda está en los coches totalmente eléctricos y los ayuntamientos nos amenazan con no dejarnos entrar en las ciudades si no tenemos un coche no contaminante. Me intimidan como si fuera culpa mía el no poder comprarme un coche nuevo. Bien, pues el Gobierno ha decidido que a partir de ahora se subvencionan los coches eléctricos. Y, para más inri, resulta que los coches eléctricos son carísimos y solo pueden acceder a ellos la gente pudiente, y el colmo del colmo es que encima les subvencionan la compra del coche y la instalación de electricidad barata en sus garajes. No lo entiendo.

¡Qué fácil es ser así ecologista! ¿Qué más quieres, Baldomero, guapo, subvencionado y con dinero? De nuevo, ahora, también tendremos que autoconvencernos y aguantar así, a pesar de contribuir con nuestros impuestos a las subvenciones ajenas. Es decir, a pesar de ser siempre el burrito que lleva la carga en su lomo y nunca recibe nada que no sean dolorosos palos. Y el problema es que ya no nos cabe más carga. ¿Cómo se atreven nuestros políticos a utilizar la palabra solidaridad? Puro cinismo. ¿Se creen que a mí me gusta tener el coche abonado al taller y con la cartera en la mano siempre a punto?

INFANCIA

Cuentos censurados

Laura Tévar

Hace unos días mi hijo pequeño eligió un libro para que se lo leyera antes de dormir. Resultó ser Hansel y Gretel. En la primera página, la madre, muerta, y el padre, cómplice de su segunda esposa, los abandona en el bosque. Cada página tan solo hacía que empeorar la situación. Yo miraba a mi hijo de reojo, afortunadamente estaba rendido y se durmió antes de llegar al secuestro por parte de la bruja y los posteriores abusos a los dos menores. Independientemente de que tenga un final feliz, con todo el dolor de mi corazón y el permiso de la libertad de expresión, he procedido a la censura de este libro en mi casa. Al día siguiente, escuchaba en las noticias los casos de secuestro de hijos por parte de sus madres y no pude evitar estremecerme. La realidad supera a la ficción. Creo que ya encontramos demasiada violencia hacia menores en los medios como para ofrecérselas a nuestros hijos como entretenimiento. Si queremos niños y niñas libres y pacíficos no debemos alimentarles de odio y violencia. En nuestras manos está.