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Cartas al director

 

11/06/2019

Guerra civil

Cerebros perturbados

Pedro Forment Dólera // Murcia

Propongo crear en Badajoz, Belchite, Gernika, la comarca catalana de las Tierras del Ebro, Brunete, Guadalajara o en Teruel un museo-cementerio-memorial histórico dedicado a la guerra civil de 1936 a 1939 donde por fuerza y por ley sean enterrados e inhumados los restos mortales de los más grandes criminales causantes de nuestro conflicto civil, siendo estudiados científicamente los restos de sus retorcidos y perturbados cerebros y siendo estudiada concienzudamente su salud mental.

Los restos de todos estos grandes genocidas serían los de: Francisco Franco, Emilio Mola, Sanjurjo, Azaña, Dolores Ibarruri ‘La Pasionaria’, Durruti, Ascaso, Yagüe, Negrín, Lluís Companys, Casado, Miaja, Saliquet, Rojo, ‘El Campesino’, Atadell, Largo Caballero, Alfonso XIII, Miguel Primo de Rivera, José Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, Valeriano Weyler, Millán Astray, Severiano Martínez Anido, Queipo de Llano, el ‘conde Rossi’, Carmen Polo, Yagüe, Goded, Kindelán, el obispo Mateo Múgica, el propio papa fascista Pío XII, Ángel Sanz Briz (que salvaría a 5.000 judíos pero seguro que también asesinó a 5.000 extremeños, vascos, catalanes y republicanos españoles en general entusiásticamente a las órdenes de Franco, Mussolini y Hitler), el obispo Pla y Deniel, el entonces arzobispo de Toledo que solo en 1930 ganó 800.000 pesetas de la época, Pemán, Negrín, Juan de Borbón y Battenberg, Fernández Silvestre, Berenguer y tantos otros genocidas de ambos bandos cuya salud mental deja mucho de considerarse digna de imitación y de la que deberían estudiarse sus orígenes y sus causas.

En ese memorial ocuparía un puesto de honor el más criminal, el más asesino y peligroso de todos: un tipo actualmente muy querido y admirado en Mallorca del que sus herederos dominan la vida social, económica, política, bancaria y financiera de las Islas Baleares: Juan March y Ordinas.

   
1 Comentario
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Por relyval 21:55 - 11.06.2019

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Increíble alusión (de los demás no sé nada) al constitucionalista, civilista y paladín de la democracia, el General Weyler. Único General genuinamente liberal de aquella España plagada de pronunciamientos militares, que jamás se sublevó -pudiendo haberlo hecho en varias ocasiones, merced al enorme prestigio de que gozaba- y defendió a España obedeciendo a los Gobiernos de todo color con los que le tocó "lidiar". En Cuba se desplegó contra él la primera campaña de prensa plagada de mentiras y pagada por los norteamericanos, que ambicionaban Cuba a toda costa. Las cifras fueron manipuladas, y afortunadamente hoy en día se conoce que lo sucedido fue similar a lo que ocurre en todas las guerras. Hubo que tomar medidas duras, en efecto, como en cualquier contienda militar, pero en el caso de Cuba 1896-1897 fueron las que la propia insurrección cubana propició con su forma cruel, sanguinaria y destructiva de hacer la guerra. Dejemos en paz a aquel hombre ejemplar y empecemos a conocer la verdad de lo sucedido. No se puede culpabilizar al Ejército de los mandatos de los Gobiernos, y menos a aquel fiel y leal servidor de sus deberes, siempre sujeto a la Ley, en la guerra y en la paz. Hasta los historiadores serios de Cuba lo saben y reconocen en privado. Cuando haya libertad allí se sabrán muchas cosas.