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La trastienda el artículo del director

Cataluña y Franco

Dos cuestiones todavía no superadas desde la transición que van a marcar la contienda electoral cara al 10 de Noviembre

 

Cataluña y Franco -

La salida de los restos de Franco del Valle de los Caídos es electoralista? Es obvio que sí. ¿Hay que hacerlo? Es obvio que también, por ley y por sentencia firme del Tribunal Supremo. La prueba de ello es que ni el PP ni Ciudadanos han reaccionado a la decisión de exhumar el cuerpo del dictador. Los dos partidos se abstuvieron en el momento de la votación en el Congreso y tras el fallo del alto tribunal el PP se limitó a «respetar las decisiones judiciales» sin que su líder, Pablo Casado, dijera nada al respecto, mientras que Ciudadanos quitó hierro a la cuestión apuntando su presidente, Albert Rivera, que, «afortunadamente, la dictadura de Franco acabó hace 44 años y Sánchez lleva un año jugando con sus huesos aunque a muchos españoles a estas alturas no nos importa».

Nostálgicos del franquismo, la familia y Vox han sido los únicos que han mostrado reparos a la decisión del Congreso y del Tribunal Supremo, lo mismo que los monjes benedictinos encomendados a la custodia de la tumba, cuyo prior ha hecho gala del disparate poniendo en evidencia a la propia Iglesia. Aparte, solo Pablo Iglesias ha calificado este asunto como «munición electoral» de Sánchez, añadiendo que sería indigno que el PSOE se atribuyera mérito alguno en este asunto cuando se trata de «una leve restauración de la dignidad democrática». Pero digamos ninguno ha hecho ‘casus belli’ de este asunto por temor a salir escaldado. Lo mejor para estos casos es llevar a gala la filosofía que tanto impulsó Rajoy: ‘dejar estar’, que pase el tiempo sin hacer ni decir nada, no contribuyendo en suma a que el enemigo engorde su estrategia.

Así las cosas, los restos de Franco saldrán del Valle de los Caídos antes del día 25, a los pies del arranque de la campaña electoral del 10 de Noviembre y con todo el ambiente condicionado por una actuación que, es cierto, se ejecuta con todas las garantías legales de su parte, pero presenta una connotación electoralista imposible de borrar. Si la exhumación se hubiera producido a mitad de la legislatura, con un gobierno ya asentado y no en pugna como ahora, la percepción cambiaría por completo.

DE TODAS MANERAS, no creo que esta cuestión vaya a condicionar las elecciones en demasía. Qué duda cabe que contribuirá a la movilización de la izquierda, pero nunca como se consiguió el 28 de abril. De la foto de Colon, un error de estrategia de la derecha, han aprendido PP y Ciudadanos y ahora no van a entrar en el juego. Así pues, habrá rédito para el PSOE, pero nunca por la torpeza de los adversarios.

El caso es que estas elecciones van cambiando a medida que pasan los días. Del alza del PSOE desde los 123 a los 130 diputados (según algunas encuestas), estamos en un escenario de ‘virgencita, virgencita, que me quede como estoy’. El PP ha empezado a recuperar a marchas agigantadas y de los 66 escaños actuales ya anda por encima de los 90. El hundimiento de Ciudadanos, de momento en las encuestas, está provocando que se resitúen las piezas del puzle y ya nadie se atreve a dar un pronóstico certero. No en vano, la caída de Unidas-Podemos en beneficio del nuevo partido de Errejón y del propio PSOE parece frenarse, al igual que la devaluación de Vox, formación que en las últimas dos semanas ha logrado mantener el tipo y arroja un nivel de escaños por encima de 20 de los 24 que posee en la actualidad.

No hay que olvidar que España es un país de bloques, de derechas y de izquierdas, sumados a los partidos independentistas. No hay nada más que eso: derivaciones de votos dentro de cada bando y abstención o movilización. Con ello lo que digo es que si sube el PP es a costa de Ciudadanos o de Vox y al contrario; y si sube el PSOE es a costa de Podemos o Errejón y al contrario. Hay una base de centro que nadie puede negar, pero no marca las tendencias dentro de cada bloque.

La sentencia del ‘procés’ se sabrá mañana lunes y vendrá a ‘enturbiar’ aún más el arranque de la campaña. Por un lado, reforzará las tesis de los partidos independentistas, pero por otro asentará las bases de nuestro país como un estado de derecho. El fallo judicial removerá las costuras de la política catalana y alterará posiblemente el resultado cosechado en esta comunidad en los pasados comicios, pero en el resto de España servirá para demostrar la base constitucional de cada formación.

Cataluña y Franco, dos cuestiones sin superar desde la transición para arrancar unas elecciones en pleno siglo XXI. Que sí, que hay que restituir derechos y aplicar justicia, tan moral como legal, pero estarán conmigo que los argumentos de la contienda electoral deberían ser de futuro, y me temo que siguen siendo de pasado.