+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

La curiosa impertinente

Censura y símbolos

 

La señora Forcadell fue una de las que inauguró la postura defensiva de acatar la Constitución para eludir la cárcel. Tal vez su condición de miembro de la Mesa del Parlament y no del Gobern o de las organizaciones independentistas elegidas por nadie responsables de, según el juez Llarena, graves disturbios, le valió para no ir a prisión. El caso es que, a día de hoy, los Jordis y Junqueras siguen en la cárcel junto con Forn, y ella sigue eludiéndola con el consejo de sus abogados que le han hecho admitir que, por su condición de encausada, no será presidenta del Parlament.

No le ha importado, sin embargo, a doña Carme sostener que no se ha doblegado a la censura, incurriendo de nuevo en delito de posverdad, pues a estas alturas todo el mundo incluido el independentista, sabe de sobra que no es la censura sino la ley a la que tiene que temer. Ninguna censura del Estado impidió sus performances, que ahora todos ellos califican de simbólicas, degradando hasta extremos que todavía seguro que veremos sobrepasados la dignidad de la institución y de todos aquellos a los que representaban, que les habían elegido para ejercer política y no para protagonizar esperpentos.

Sorprende, por eso, al menos a esta humilde opinadora, la furibundez con que muchos sectores independentistas han reaccionado a la chirigota, esta sí, por su propia naturaleza simbólica, en la que simbólicamente también se somete a escarnio público a un simbólico Puigdemont, al que el público, simbólicamente, ordena decapitar en lugar de cortarle solo el pelo, y se le decapita, porque la voluntad del pueblo es sagrada.

Tendremos que ver en el futuro ceremonias más cómicas que chirigota alguna. Investiduras telemáticas y ejercicios de teatro picaresco que seguirán contribuyendo a que nadie en el mundo vuelva a tomarse en serio a los catalanes independentistas. Y cuando el peso de la ley, una vez fracasada la censura que suele actuar priori, caiga sobre ellos, siempre podrán decir que el ejercicio vergonzoso del bufón mayor del plasma era tan solo simbólico.