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La Chorrera

Centrifugar España

El país acusa el disparate de un modelo económico que sigue el esquema franquista

 

Centrifugar España -

José L. Aroca José L. Aroca
31/03/2019

Días atrás acudí a la presentación de un informe económico de Extremadura por parte de una importante entidad bancaria. Esto es relativamente frecuente, las grandes corporaciones financieras disponen de datos, y de servicios de estudios y análisis, sobre la evolución de los territorios y procuran difundirlos de manera constructiva, sobre todo en zonas como esta donde no reluce mucho el oro y solemos desayunarnos, y también flagelarnos, con noticias no muy buenas.

El estudio hablaba de un evidente problema demográfico en la Comunidad, que lleva 20 años según se dijo en desequilibrio entre nacimientos y defunciones, sobre todo por la caída de las primeras, y el inevitable envejecimiento de la pirámide poblacional.

España está acusando, tras el paso devastador de la crisis, el peso y el disparate de un modelo económico que casi sigue el esquema franquista de aquellos polos de desarrollo, aquellas zonas donde se concentraron los esfuerzos de industrialización, tales como Valladolid (Renault), Vigo (Citroen), Puertollano (petroquímica Calvo Sotelo) o Huelva (también complejo petroquímico y portuario).

Un esquema modificado por las décadas pero que ahí queda, y que se sumó a los grandes centros urbanos e industriales tradicionales como Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Zaragoza reforzados como tales no ya por el dedo del consejo de ministros franquista sino por la decisión política del máximo desarrollo, y la elección inversora del máximo beneficio por parte de inversores y fondos multinacionales.

Si tenía algún sentido en aquella España esquelética reindustrializarla a toda máquina eligiendo los lugares más favorables y rentables, hoy en un país tan desarrollado, cuyo bienestar está asegurado en un contexto de grandes economías mundiales, no tiene pase alguno el no hacer desde el dedo político central o semicentral (entidades financieras de matriz catalana o vasca) un reequilibrio de cuya inexistencia es la manifestación que este domingo se celebra en Madrid, de protesta desde la ‘España vaciada’.

Porque además está quedando claro que las grandes megalópolis como Madrid o Barcelona, con sus áreas de influencia a 50 kilómetros a la redonda, no están aportando a sus vecinos una gran calidad de vida, pese a lo cual, por su atractivo laboral, siguen atrapando en su telaraña, siguen sumiendo a miles de jóvenes formados en la periferia, y en Extremadura sabemos muy bien de eso, cuyas aptitudes al servicio del estado del bienestar (sanidad y servicios sociales, docencia) o de una economía que se mueve por las tecnologías de información y comunicación (TICs), bien pudiera ejercerse desde Plasencia, Coria, Trujillo, Don Benito o Zafra, por no hablar de nuestras principales ciudades que disponen de todos los servicios, salvo la oferta laboral, para una magnífica calidad de vida. Bueno, a todos nos falta uno esencial, las comunicaciones ferroviarias, aunque estemos camino de ello pero más tarde y lentamente de lo que debiera.

Una comunicación que como bien ha recordado esta semana, en ese mismo acto de presentación de estudio económico, el presidente de la Junta, no hay que dejar pasar en ella la oportunidad de, para esos reequilibrios peninsulares este-oeste, o norte-sur, que la vía ferroviaria de alta velocidad o velocidad alta Madrid-Lisboa es una gran baza.

Mientras paseaba la vista por aquel salón donde se presentaba este estudio económico que menciono, caí en un detalle significativo. Había como una docena de mesas de asistentes, pero en solo tres se sentaban, de forma más o menos paritaria, mujeres. Eran las de “los políticos”, y en la que yo me sentaba, la de “los periodistas”. En la primera y presidencial, además de forma abrumadora: la máxima responsable del banco era una mujer, pero también estaban la presidenta de la Asamblea, la delegada del Gobierno, la vicepresidenta de la Junta, y la consejera de Economía.

En el resto de mesas, formadas por directivos bancarios y empresarios, solo hombres.