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Soliloquios

Ciudades y turistas

 

Juan Jiménez Parra Juan Jiménez Parra
09/09/2019

Algunas ciudades están sufriendo un empacho de turistas y no saben qué hacer para librarse de ellos. Venecia, por ejemplo, se muere de éxito turístico. Los venecianos de prosapia, que tanto deben al turismo, claman ahora al cielo para que Dios les ayude a disminuir esa elevada afluencia de visitantes que han pasado de ser encantadores turistas a ser incómodos intrusos. Ya lo dice el refrán: «Lo poco agrada y lo mucho enfada». Venecia es una ciudad especial. ¿Quién no la ha visitado o pretende visitarla? Aún sabiendo que no es bienvenido, y que se moverá incómodo y limitadamente entre miles de personas. Pero el turista empedernido está dispuesto a aguantar lo que sea con tal de saciar tu vicio viajero.

En contraposición a Venecia tenemos Cáceres, otra ciudad especial, porque ofrece un cúmulo de calles que trasladan en el tiempo al siglo XV a cualquier persona. Sin embargo Cáceres muere por desconocida. A pesar de que es una de las ciudades de España donde se ruedan más películas. Y el cine, además de arte, es un potente medio de difusión. Sin embargo, incluso el cine no está sirviendo de medio publicitario para llenar la ciudad de turistas. Puede que al Cáceres Medieval le haga falta vida, y para eso hay que darle uso. No tenerla sólo de escaparate.

Hoy al turista se le gana fácilmente, porque vivimos un tiempo de fiebre turística. Hay mucha gente dispuesta recorrer muchos kilómetros para ver cosas. Lo que sea. La ciudad de Chernóbil es un ejemplo de santuario turístico, aunque no creo que su abandonada y tétrica central nuclear ofrezca nada agradable a la vista ni a la mente. Pero para insólito, el caso del Ecce Homo de Borja, el Cristo desfigurado por una pintora aficionada que llena el pueblo de turistas con ganas de ver el estropicio.

Así pues, quizá no sea mala idea realizar eventos disparatados en la Ciudad Medieval de Cáceres. No sé, llenarla de esculturas futuristas y decir que son restos de naves alienígenas. O pintar las calles de diferentes colores. En este mundo de locos, lo estrambótico llama mucho la atención. Puede que se nos llene la ciudad de turistas y dentro de unos años clamemos al cielo para que Dios nos libre de ellos.

* Pintor