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Jueves sociales

Continente y contenido

 

Dura tarea explicar la diferencia entre sinécdoque y metonimia, esas dos figuras literarias con las que podríamos exponer la historia de España casi entera.

Si me atreviera, sacaría a mis alumnos para explicársela in situ, en el sitio, vamos, no vaya a creer nadie que estoy insultando, en este sistema pedagógico nuestro en que impera la estulticia por encima del latín y la lengua y hasta de la literatura. Pero hay que explicar las dos figuras literarias, no nos vayamos por las ramas y caigamos en frases hechas como esta.

Volvamos al lugar, al continente, al todo o a la parte, ya me estoy liando. El autor por la obra, la obra por el autor, tengo un Velázquez, me he bebido un Rioja. Los alumnos de ahora se pierden y hay que mostrar, no contar. Volvamos al sitio, o mejor, a la huella del lugar donde vivían Marta y Fernando.

¿Quiénes son Marta y Fernando? Deberíamos decir que no son nadie, un ejemplo, no hay que saber todo de los personajes de los ejemplos. Si digo Juan es alto, qué más da quién es Juan. Tampoco nos ha preocupado saber de ellos mientras han sido dos personas que vivían en un habitáculo, al lado de la variante de la antigua N-630, en Cáceres. El lugar limitaba al norte, al sur, al este y al oeste con somieres de cama y alguna puerta. A algo tenemos que llamar paredes. El dormitorio principal y único ocupaba una pequeña caseta del transformador de la luz, donde apenas cabe un colchón. Lo de menos es que él estuviera además enfermo y tuviera ochenta años. Y también dejamos a un lado el frío, el calor, la desolación de una caseta al lado de una variante por la que no dejan de pasar coches.

Podríamos hablar, eso sí, de la solidaridad de los vecinos, de que al final la historia tuvo final feliz y ahora viven en un piso que les debe de parecer el paraíso. Además, la caseta ha sido derribada para impedir que comience otra nueva historia de penas y adversidades.

Pero volvamos a la metonimia, a la sinécdoque. La parte por el todo, ya saben ellos de lo que hablo. Mirad, les diría a mis alumnos, en este espacio sin vegetación, en este cuadrado que deja en el suelo una caseta de obra, han vivido dos personas. Ese es el todo. Ahora vayamos a las partes, que es donde se pierden. A ver dónde colocamos los muebles, el ordenador, la vitro, la play, el recuerdo de Benidorm que hace equilibrios sobre la tele de plasma.

Es difícil esto de las figuras literarias. Encima Fernando nos ha salido filósofo. Dice en una entrevista que ellos cumplen una función social. Que la gente pasa a su lado y dice, mira, estos están peor que nosotros.

Una catarsis, vamos. Y así, en una misma clase, sobre un cuadrado en el que vivieron dos personas al amparo del frío, he explicado las figuras, a Calderón y su cuentan de un sabio que un día, alguna fábula, la función del teatro griego y sobre todo nuestra vergüenza y falta de humanidad, que no es poco.