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LOS CORTES DE LUZ

 

ZACARIAS GarcíaZACARIAS García 09/08/2006

TLtas siete y media de una sofocante tarde de agosto en el secarral de Cáceres. El cuadro costumbrista se repite: los vecinos salen a las ventanas, la casa se inflama con la fogata que sube de la calle, en el ascensor alguien aporrea, presa de la fobia y el calor, para que acudan a rescatarle, el ordenador desbarata el trabajo que estabas haciendo, el frigorífico comienza a ceder en sus obligaciones, y el ama de casa y los dueños de los bares a preocuparse por las provisiones que llenan las cámaras.

Ahora que empezábamos a sacudirnos el polvo de la dehesa con el estreno de las autovías, a sacar pecho por el progreso logrado, Iberdrola se encarga de devolvernos a nuestros orígenes, con el tercermundismo eléctrico: a eso suena esas continuas averías que padecemos con excesiva frecuencia los cacereños, por mucha asepsia informativa y mucho aplicarse en profundidad a la semántica para que lo que es no sea lo que parece. Pero me da que la raíz está en las obsoletas instalaciones que tenemos, incapaces de soportar los servicios que una ciudad moderna comienza a necesitar. Ya sé que estas grandes empresas son expertas en la justificación, pero ésta ya no nos vale, como no nos vale tampoco la buena voluntad; lo que necesitamos es solidez y eficacia, o sea, la prestación de un servicio adecuado a los ciudadanos, que es lo que todos merecemos y lo que todos esperábamos después de las inyecciones económicas que las mismas recibieron, muy generosamente, de gobiernos anteriores, para su renovación.

Pero no hay más que levantar la cabeza o mirar desde su terraza los aliños de las instalaciones, los anudados de cables que cruzan nuestras calles, todas a punto de provisionalidad y todas a punto de desarreglo, prestos para más averías y aún para severos peligros. Eso es lo que se ve, con solo mirar. Lo que está oculto no sabemos qué puede proporcionarnos.

Parece un castigo inmisericorde dejar a la gente que no está en la playa, sin aire acondicionado, sin la leche y la cerveza fresquita.

La verdad, ya no estamos para cuadros costumbristas con el botijo al lado. ¡Por favor, procuren arreglarlo!

*Licenciado en Filología