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La curiosa impertinente

Cromos

 

Nunca tuve maña, calderilla o insistencia de pequeña para las colecciones, como algunas compañeras espabiladas a las que sonreía la suerte en el quiosco o poseían habilidad endiablada para cambiar y obtener la estampa codiciada. Así que abandoné dicha afición pues pronto sospeché que los editores racaneaban algunos cromos para hacernos comprar más, pese a que mis queridos hermanos estuvieran durante toda mi infancia atesorando futbolistas del Barça.

La moda esa de coleccionar cromos ha debido pasar a mejor vida en el ámbito doméstico, pues no recuerdo que mis hijos hicieran nunca tal cosa. Mas en la política, liquidadas las mayorías absolutas y superado parcialmente el bipartidismo, esto del cambio de cromos ha vuelto con una furia y una actualidad inusitada.

La cita con las urnas del domingo pasado, considerada por muchos como la segunda vuelta de las elecciones generales de abril, ha vuelto a deparar victorias amargas, derrotas dulces, resurrecciones de líderes que parecían enterrados para siempre y algún que otro solemne revolcón. En actitud mendicante pasea su derrota sin paliativos Pablo Iglesias, sin dimitir y se ofrece a ayudar humildemente a quien poco parece necesitar ahora su ayuda, sin renunciar a pedir ministerios a cambio de la misma. Veremos si a Sánchez le conviene ese cambio de cromos.

Por el otro lado, Ciudadanos matiza su cordón sanitario al PSOE, y por mucho que diga Arrimadas que no se trata de pillar cacho, claramente sabe el ciudadano que de eso precisamente se trata. Y porque hay mucho poder que pillar en Castilla y León, en Murcia, en Aragón, en Madrid y en tantas ciudades que dependen de la formación naranja, nos quedan ahora muchos días para asistir a las negociaciones y ver si realmente los vetos eran vetos y lo único que preocupa es formar los mejores gobiernos o colocarse de modo ventajoso para la larga legislatura que viene.

Otra cosa ya es para qué les votaron los electores, que donde esté un buen cromo de los más codiciados y raros quizá haya que renunciar a algún que otro principio o borrar alguna que otra línea roja.