+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Es decir

Contra lo que decíamos ayer

 

Daniel Salgado Daniel Salgado
10/07/2018

Si la semana pasada hubo que cargar aquí contra María Dolores de Cospedal por querer zancadillear a Pablo Casado en su carrera a la presidencia del Partido Popular argumentando que Casado sería como volver a la etapa de José María Aznar, o sea, a su espíritu (santo, sin duda), hoy hay que cargar contra el propio Casado por pretender con la propia Cospedal -repítase: la propia Cospedal- no ya zancadillear a Soraya Sáenz de Santamaría, que sería una zancadilla inútil (menuda es Sáenz de Santamaría), sino enviarla al potro de los diputados, esa tortura. Por supuesto, el interés es mutuo, ya que a Casado le interesan los compromisarios de Cospedal y a Cospedal le interesa seguir como secretaria general del partido, pero la juventud resulta más susceptible de ser seducida que de seducir, y con eso está dicho todo.

Casado no parece precisamente un político ingenuo, como prueba el que no era el favorito para suceder a Mariano Rajoy y sin embargo no solo se ha impuesto a Cospedal, hoy su cómplice y promotora, sino que ha obtenido 1.500 votos menos que Sáenz de Santamaría, es decir, una ridiculez. Más: en el partido se le considera el llamado a recuperar los votos arrebatados por Ciudadanos. Pero menos ingenua parece Cospedal, como demuestra la utilización que está haciendo de Casado para evitar que la ex vicepresidenta del Gobierno lidere el partido y evitar así que sea precisamente ella, Cospedal, la que deba conformarse con ser diputada. Dicho de otro modo: la victoria de Casado, de producirse, será la victoria de Cospedal.

Durante la campaña de estas primarias, ni Sáenz de Santamaría ni Cospedal han reivindicado la renovación del partido. ¿Para qué? Ambas se han empleado en la recuperación del poder, que es lo que importa, o eso creen. Por eso el rechazo de Casado a la proposición de Sáenz de Santamaría de unirse a ella a cambio de ser secretario general es ya una victoria moral, más la victoria de las primarias, claro. Casado, salvo por su problema máster, es el presidente que el partido parece necesitar. Lo que no se entiende es para qué necesita a Cospedal. Es la pregunta: ¿Cospedal?.

* Funcionario