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El despertar de la inocencia

 

MANEL Fuentes
10/11/2011

TEtl lenguaje no es neutral. Y la palabra inocente demasiadas veces va ligada a la de iluso. Si hoy fuera un inocente ciudadano griego estaría indignado. Ya habría tomado conciencia de que mis dirigentes han deshecho el país. De que nunca aplicaron una política fiscal como para que los impuestos mantuvieran el bienestar. De que se entregaron al crédito y a los Juegos Olímpicos y a lo que hiciera falta sin saber cómo lo iban a pagar. Hoy ya sabría que los causantes de mis males son griegos y no alemanes o franceses. ¡Eramos tan inocentes! Hoy vería que solo cuando Papandreu se vio al borde del precipicio para seguir en el poder habló de referendo.

Nervios, desconfianza entre los socios europeos, peores condiciones de rescate y marcha atrás. Adiós a las consultas. ¿Qué pintamos, pues, los ciudadanos en este desaguisado? Somos paganos sin opinión vinculante. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Acaso nadie veía que así íbamos al desastre? Tal vez no los inocentes ciudadanos que ahora despiertan, pero dentro y fuera seguro que había gente que sabe sumar, restar y pensar, y veía que aquello no cuadraba.

Del mismo modo que hay responsables políticos, nosotros deberíamos ser responsables ciudadanos que no les dejásemos pasar ni una, encontrando los mecanismos para hacernos oír y respetar. Hemos dejado algo tan valioso como la gestión de nuestros servicios y nuestros derechos a gente que no ha trabajado para nosotros. ¿O es que alguno de nuestros dirigentes vive privadamente con una deuda del 120% de lo que cobra? Entonces, ¿por qué lo hacen con nuestros estados, algunos hoy casi en quiebra, como Grecia o Italia?

Pero mientras, ¿qué hacíamos nosotros? Disfrutarlo. Ahora decimos no a los recortes, sin haber dicho antes no a un bienestar que ni pública ni privadamente tenía los cimientos sólidos para aguantar en el tiempo. Aquí también somos inocentes. Envidio a los noruegos: ellos sí son culpables de lo que les pasa.