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La curiosa impertinente

Entregada

 

En la última campaña del día de la madre de unos grandes almacenes aparecía una mujer con el lema «97% entregada. 3% egoísmo. 0% quejas. 100% madre». La asociación Facua la considera 100% machista, casposa, retrógrada, que cosifica y menosprecia a la mujer y restringe su función al papel de madre. Y el Gobierno de Ximo Puig estudia sancionarla por fomentar una visión «estereotipada».

Permítanme rebelarme contra la censura y tiranía mental de esta sumisión a lo políticamente correcto, esta interpretación victimista y esta imposición de las ideas de unos pocos a todos los demás. Y hablo de Facua y de la Generalitat, no de la campaña. Pues resulta que hoy en día se reivindica y protege el derecho de las madres sufrientes, a aceptarse como malas madres. Y se hacen listas interminables de etiologías maternales, desde la supercontroladora hasta la pesada. Pero de lo que hay que proteger realmente a la sociedad es de las madres entregadas, que son un peligro para la igualdad.

Y todas aquellas personas para los cuales la imagen de una madre corriente, ni quejica ni egoísta, no supone ofensa alguna y sí homenaje a esas mujeres que han elegido ser madres y en modo alguno confunden su entrega, que lo es, según experiencia de los hijos e hijas que en el mundo han sido y de tantas madres como usted y como yo, con el sometimiento a no sé sabe qué rol humillante y humillado, todas aquellas personas, digo, son casposas, retrógradas y cosificadoras. 100%.

El otro día paseaba yo por el campo con mi perro y, en un momento dado, de una charca salió un pato veloz con grandes alardes de alas y mucho escándalo, pero sin emprender el vuelo. Luego me percaté de que intentaba llamar nuestra atención porque los patitos nadaron en dirección contraria. Más tarde me explicaron que eso hacen las patas para proteger a sus hijos. Me maravilló esa entrega desmedida y natural. Y ahora me admira cómo las patas asumen su rol de entrega sin saber, las muy ignorantes, que no es más que sometimiento. Pobrecitas patitas a las que no protegen Facua ni la Generalitat valenciana.