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Desde el umbral

La España olvidada

 

Que es insostenible la situación de las vías férreas y los trenes extremeños es algo que se lleva repitiendo desde hace años. Tan es así que, en los últimos tiempos, y debido, sobre todo, al grado de descomposición que ha alcanzado el asunto, el tema ya ha saltado hasta a los medios de comunicación nacionales.

Pero el tratamiento que se le da, por desgracia, nunca tiene una continuidad en el tiempo. Pasado el calentón inicial, y la vergüenza que tanta atención mediática concita, todo se diluye en un ecosistema en el que siempre se acaba girando la cabeza hacia Cataluña, donde las autoridades regionales siempre andan amotinadas, aunque no tengan motivo alguno para ello. Porque, si alguna comunidad autónoma que ha sido favorecida por estos años de democracia y Estado de las Autonomías, ésa ha sido Cataluña.

Sin embargo, los extremeños nos hemos tenido que conformar, durante las últimas décadas, con las ayudas europeas, las subvenciones y las migajitas que se caían de las mesas negociadoras en las que Pujol, Maragall, Montilla, Mas, Puigdemont, --y, ahora, Torra-- sacaban suculentas tajadas para Cataluña.

Por ofrecer solo un dato: el último plan de industrialización, medianamente serio, para Extremadura, data del franquismo. O sea que fíjense. Y en el plano de las infraestructuras, todavía hemos de dar gracias a González y Aznar por las autovías, porque son las que nos unen al resto de España. Sin ellas, estaríamos absolutamente aislados. Porque la situación del tren ya ven cuál es. Y el avión nunca ha despegado del todo en estas tierras extremeñas en las que hasta la niebla parece haberse convertido en un obstáculo insalvable.

Los extremeños, al contrario que los prebostes nacionalistas catalanes, no queremos privilegios. Solo reclamamos algo muy sencillo: que se preste atención a los artículos 2 y 138 de nuestra Constitución. Y que se actúe en consecuencia, garantizando la solidaridad interterritorial, y atacando la atroz desigualdad que sufren esas regiones de la España olvidada entre las que se encuentra Extremadura. 

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