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Editorial

ETA quiere equipararse con los partidos políticos

 

19/08/2006

WEw l quinto comunicado de ETA desde que entró en vigor el alto el fuego, hace casi cinco meses, ha sembrado cierta inquietud y ha desorientado a la opinión pública. En ausencia de atentados y de kale borroka, había tomado cuerpo la sensación de que el camino hacia la pacificación definitiva de Euskadi cubría etapas sin grandes contratiempos, pero el documento divulgado por la banda terrorista ha confirmado que están en lo cierto quienes, desde diversas instancias, han advertido que el proceso será largo y estará --está-- preñado de dificultades.

CADENA DE ACONTECIMIENTOS. Las condiciones en que se desarrolló la manifestación organizada el último domingo en San Sebastián por la izquierda aberzale, con una inusual contención política de Batasuna, fue el primero de una cadena de acontecimientos que han desembocado en el comunicado. Siguieron las homilías del día 15 de los obispos Blázquez y Uriarte, eco sigiloso de que algo se movía en el universo de ETA y no precisamente en la dirección deseada. Y el jueves coincidieron unas manifestaciones de Otegi sobre la inclusión de Navarra en el menú de la negociación y otras de Barrena acerca de los gestos "extremadamente pobres" del Gobierno en lo que va de tregua. Una apreciación que coincide en el fondo y en la forma con el análisis etarra contenido en el último comunicado, donde se hace referencia a una "evidente situación de crisis".

EL OBJETIVO DE ETA. ¿A qué obedece que ETA hable de crisis Parece verosímil que se debe a su deseo de convertirse en actor político de la negociación, una función reservada a los partidos, que han reaccionado con escándalo justificado ante la pretensión de los terroristas de equipararse con las organizaciones españolas y vascas que aceptan las reglas del juego. La frustración que tal coyuntura genera en el mundo aberzale se complementa con el disgusto de Batasuna por no haberse podido convertir, a despecho de la ley de partidos, en una organización legal en condiciones de participar en la futura mesa de fuerzas políticas, con la indisimulada pretensión de trasladar a ella la plataforma política etarra.

UN PROCESO REVERSIBLE. En última instancia, el comunicado de ETA y las quejas aberzales obedecen al hecho de que el Gobierno mantiene el principio que enunció cuando se abrió el camino de los contactos con ETA: no cabe poner precio político a la paz. Que lo quiera hacer ETA entra dentro de la lógica del tira y afloja de la negociación. En cambio, deducir de ello que la única alternativa posible es liquidar el proceso, como pretende el PP, carece de sentido habida cuenta de que no hay un solo indicio de que vaya a romperse el silencio de las armas o de que el Gobierno se sienta obligado a hacer concesiones. Bien al contrario, todo apunta a que si ETA ha llegado a la conclusión de que la negociación está en crisis, se debe a la reversibilidad de cuanto el Gobierno ha hecho hasta la fecha a la espera de que los terroristas depongan las armas.