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Por derecho

Frases hechas

 

Me incomodan y a la par, me gustan las frases hechas. Las frases que entrecomilladas marcan el ritmo de lo que una pretende que sea la jornada. Las frases con las que damos los buenos días en las redes sociales, esos mensajes imperecederos que se hacen grandes o pequeños dependiendo de cómo los utilicemos. Hay autores que son, como se suele decir 'un clásico entre los clásicos' como Churchill, Kennedy o Ghandi . No hay quien se resista. No hay quien no haya 'tirado de ellos' para vender una sentencia en las redes o en un discurso. ¡Cuánto personaje público ha pretendido 'que se le pida mármol' a esas frases que los periodistas, siempre grandes, le han escrito días antes! ¡Qué manía de ser inmortal a costa de la paciencia del público! Representantes del erario público que en su día abusaron del: como dijo... tal..., y que a medida que dejaban el atril, con la misma cadencia sentían que el foco ya estaba al otro lado..., frases hechas. Sentencias. Como las flamencas que también las hay, por ejemplo, la que decía Enrique 'El Cojo' : "Cayetana Alba podía ser Carmen Amaya si no se hubiera perdido por ser aristócrata" ¡Esa sí que es un frase grande sin necesidad de mármol ni atril. Fíjense en esta: "El cante es como un chorro de sangre que se abre como una mano de diez dedos...". Sentencias. Frases hechas y sin recurrir a los clásicos, solo recordando y aprendiendo del inabarcable y complejo mundo del flamenco. Con eso ya uno tiene recursos de sobra para hablar sin apenas decir nada. Se podría mantener una conversación, y encima interesante, a base de frases hechas en los oscuros 'soníos negros' del cante jondo. Y suelto esta columna, me alejo del teclado, y sigo escuchando flamenco oyendo a mis vecinas en la puerta de casa, escuchando expresiones de las personas con las que hablo cada día... ¡Esas sí son sentencias y frases hechas! Porque sin pretenderlo marcan el ritmo del día naciendo de la espontaneidad y la experiencia. No hace falta 'tirar' de los clásicos, solo hace falta escuchar más y escucharse. Y sentir que somos capaces de marcar el día a día sin necesidad de entrecomillar, sin necesidad de apabullar a nadie. El flamenco como las comillas, para lo excepcional, para lo grande. Para lo que queramos convertir nuestro día a día.