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La curiosa impertinente

Freelancer

 

Ha trascendido fuera de las inexistentes fronteras catalanas la existencia de un pretendido bufón, que, al amparo de TV3, lleva años ganando opíparos emolumentos intentando hacer reír al que le ría las gracias y, al mismo tiempo, vomitando caca por su boca. O por sus twitters, cauce óptimo para vomitar caca.

El tal Albà tiene una larga trayectoria en los medios oficiales independentistas, que le pagan generosamente, aunque se desconoce si es fijo o freelancer, matiz que importa y mucho, a la hora de exigir responsabilidades. Desconozco si tiene gracia pero, como demócrata, estoy dispuesta a admitirlo de semejante machista, supremacista, insultador, despreciador, intolerante y más lindezas que, por respeto al lector y a mí misma, prefiero omitir.

Impunemente ha desgranado el sujeto insulto tras insulto, no en sus actuaciones, que eso estaría probablemente justificado en nombre de la libertad de expresión y del humor, debate de límites porosos y opinables, sino en su cuenta personal de Twitter. Y no hay espacio aquí para detallar las dentelladas que ha prodigado fundamentalmente a España y los españoles.

Comparó muy gallardamente al Estado español con el islámico y le salió gratis. Lo mismo que sale gratis en España quemar la efigie del rey o la bandera. Su última patochada ha sido llamar a Inés Arrimadas, puta. Insulto que ha estado también a punto de salirle gratis. No ha habido rasgamiento de vestiduras con pecho al aire incluido entre las feministas ruidosas, ni sororidad que valga entre las cuperas que, eso sí, asaltaron violentamente el autobús de Hazteoír. Pero, como la cosa, en vísperas del 8-M era ya demasiado escandalosa, TV3 se ha apresurado a declarar que prescindirán de las colaboraciones del pollo.

Y una encuentra un paralelismo esclarecedor en los encausados del procès. Desde el jefe de los Mossos hasta la presidenta del Parlament, todos freelancers. Ni sus cuantiosos sueldos ni sus juramentos o promesas ni sus privilegios como altas instituciones catalanas y españolas les obligaban. Ni a cumplir la ley ni a guardar respeto. Pues eso.