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Extremadura desde el Foro

Un globo, dos globos, tres globos

Si algo caracteriza el actual gobierno de Sánchez es la profusión de globos sonda

 

Un globo, dos globos, tres globos -

Recuerdan aquel mítico programa infantil? No es fácil, muchos de los que estén leyendo esto ni siquiera eran niños cuando se emitía. De hecho, si tengo algún recuerdo de él es por alguna reposición posterior, porque se retiró de la parrilla en el 79. Mi generación es más de (otro mítico contenedor): ‘La bola de cristal’. Pero me parece estar reviviendo ahora mismo el de los globos.

No porque lo tenga en pantalla, claro. O sí: basta con un poner un informativo, aparecer cualquier miembro del gobierno español y los globos ocupan toda la pantalla. De todo tipo y color, pero con una común característica: son globos ‘sonda’.

Recapitulemos. Lo cual, por otro lado, no será sencillo. Porque si algo ha existido en el largo ‘centenario’ de Sánchez es la profusión de globos sonda. Subidas o creación de impuestos, ajustes en el copago sanitario, los peajes. Reagrupación de presos, reforma (de la reforma) laboral, incluso la sombra de un mayor autogobierno como eje para ‘desatascar’ Cataluña. Hasta en el debate sobre el impuesto al diésel, la propia ministra Maroto habló sin cortapisas de ‘globo sonda’. Al César lo que es de Pedro: no les pueden los complejos, ni siquiera se esconden en su forma de gobernar.

Cuando se compuso el nuevo gobierno, comenté en esta columna que nos veríamos sometidos a una intensa campaña electoral. Con una duración prevista de dos años, estirando al máximo el difícil equilibrio parlamentario. Pero me quedaba corto. Pensé que la gestión ‘robaría’ tiempo a ese mitin continuo, que la necesidad de acción acabaría por imponerse. La realidad, desafortunadamente, me desmiente.

Vivimos en un perenne test de audiencias, un masivo campo de pruebas que permita saber al partido de Sánchez qué decir y cómo gestionar el ciclo electoral de municipales/autonómicas y generales que viviremos los próximos veinticuatro meses. Cuando se lanza un globo no se pretende medir el recibimiento de esa política y de su aplicación. No. Se trata de medir imagen y traducción a votos.

La decisión de Iván Redondo es convertir al presidente en lo que ahora no es, un hombre de estado. Pero realmente no necesita que lo sea, le sobra con que lo parezca. De ahí que las decisiones casi nunca sean tal, sino meros posicionamientos tácticos. Ese es el origen de las continuas contradicciones de un gabinete que luce desorientado y en permanente estado de imprevisibilidad. Da igual porque tienen la confianza de Pedro. Pero éste sólo confía en quien tiene detrás, el que considera que lo llevó a la Moncloa. Y éste otro, Redondo, confía a su vez en que el siguiente globo, la siguiente noticia-ocurrencia, tapará cualquier rastro de inconsistencia del ‘líder’. Lo peor de todo es que puede que cierta razón no le falte.

Todos sabemos que de eufemismos vamos sobrados en política. Pueden tratar de esconder esta maniobra bajo el forzado paraguas de una agenda estratégica. O apelar al endiablado cálculo parlamentario al que (voluntariamente, recordemos) está sometido el nuevo gobierno socialista, que les impide ejecutar las medidas que ellos quisieran.

Pero es difícil escapar a la sensación de que estamos ante una planificación meditada. También porque, desechando esta opción, la otra explicación plausible es la mera improvisación. Prefiero alejar el filo de la navaja de Ockham.

Pocos escenarios peores hay para un país que el gobierno sea el origen de su propia inseguridad. Para los estadistas de salón puede ser incluso divertido analizar la acogida de estos sondeos y la reacción del resto de partidos. Pero un país no es ni de lejos sus instituciones políticas.

Los anuncios no son inocuos porque primero demuestran la misma debilidad del gobierno, pero de paso generan desconfianza en el rumbo económico del país y en la fiabilidad jurídica del ordenamiento. Máxime cuando alguna de esas noticias resuena como amenazas para sectores de actividad o inversores extranjeros. Disfrazando de ideología lo que no es más que imagen. Y eso sí tiene un elevadísimo coste para España. Miren Grecia, miren Argentina. ¿No son ‘como’ nosotros? Fíjense en Italia. ¡Ah! Y Tren Digno Ya. Que no se nos olvide.

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