+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

La trastienda el artículo del director

Guerra o tregua

Vara va a tender la mano para la reconstrucción de la región y, de momento, el PP sigue con su postura beligerante de oposición

 

Guerra o tregua -

Hay ocasiones en las que la política regional no tiene nada que ver con la nacional. Por contra, hay otras en las que ocurre justo lo contrario, que lo que pasa en Extremadura resulta un espejo de lo que ocurre en la capital del Reino; una copia literal de estilos, comportamientos y estrategias. Por eso, a estas alturas --y con todo lo que ha pasado-- uno no se sabe a ciencia cierta qué comportamiento van a tener las diferentes fuerzas políticas, sobre todo el PP, cara al debate sobre el estado de la región de los próximos 14 y 15 de julio y el pacto de reconstrucción que pretende plantear el presidente Fernández Vara.

Si Podemos, en razón del pacto de gobierno en Madrid, y Ciudadanos, ahora que Arrimadas anda en una posición más centrista, están más cerca del PSOE y su discurso, en el caso del PP no se puede predecir qué camino o derrotero va a seguir cuando Fernández Vara tienda la mano como ha dicho esta semana y anime a todas las fuerzas políticas a sumarse en la difícil tarea de la Extremadura postcovid. ¿Guerra o tregua? He ahí la duda.

El escenario que tiene ante sí Pablo Casado es muy distinto al que pueda tener José Antonio Monago. A nivel nacional, los populares han apostado a tratar de romper la frágil coalición formada entre el PSOE y Podemos, amparada en los partidos independentistas al principio y de un tiempo a esta parte también en Ciudadanos, pero a nivel autonómico poco o nada tienen que romper los populares con una mayoría absoluta del PSOE de 34 diputados frente a los 20 con que cuentan ellos, los 7 de Ciudadanos o los 4 de Podemos. Con 31 escaños en contra, a Vara le sobran 3 para hacer y deshacer a su antojo. Sin embargo, ofrece a todos ir de la mano y eso no deja de ser un problema.

Es cierto que tanto Casado como Monago han hecho una dura oposición a la gestión de la crisis del coronavirus. Sin embargo, el primero bajó el diapasón esta semana. Puede que responda al inicio de la campaña de las elecciones vascas o gallegas, pero el caso es que, después de varios meses instalado en el ‘no’, Casado decidió el jueves bajar la tensión y participar del diseño de la España poscovid. Por eso el PP votó a favor del decreto de la llamada «nueva normalidad», el cual debe regir la vida de los españoles hasta que se encuentre una vacuna o un tratamiento eficaz contra el coronavirus. Un acercamiento muy destacable tras tres meses de desencuentro que evidentemente no pasó inadvertido ni en el fondo ni en la forma.

Está por ver ahora si el líder popular extremeño va a seguir los pasos de Casado. En suma, si el PP de aquí, durante meses beligerante y enfrentado al gobierno de Vara en simetría con Madrid, va a cambiar de estrategia siguiendo su nueva postura de reconstrucción.

Esto no deja de ser ‘tragarse un sapo’ en pro de un objetivo mayor, una cuestión a la que el PP extremeño --digámoslo claro-- no está acostumbrado. Los populares siempre han apostado por una oposición dura. En la pasada legislatura por supuesto, pero en la presente si cabe más. Mucho tiene que cambiar la cosa para que ahora se presten a modificar su discurso, sobre todo si se tiene en cuenta lo dicho en el último pleno de la Asamblea donde el propio Monago anunció que pedirá una comisión de investigación sobre la gestión de las residencias de ancianos en la Comunidad. El líder popular ha aprendido que siempre sale malparado de los abrazos de Vara y considera que la estrategia de acercamiento del PSOE consiste en diluirle con el resto de grupos políticos para no darle el papel principal que le corresponde como líder de la oposición.

Una cosa está clara: los aires no están calmados. Lo que ha pasado y lo que viene tiene a la gente atemorizada a la vez que enfadada. Rendir cuentas y pasar factura sí, pero también tratar de arreglar el desaguisado que vive la economía. Habrá que contar bien los muertos, darles honrado recuerdo y, si me apuran, hasta depurar responsabilidades políticas si las hubiera, pero, acto seguido, hay que ponerse manos a la obra y levantar esto lo antes posible. Ya ha dicho Vara que no le vale ni el programa de legislatura que presentó en julio del 2019 y, ni mucho menos, el presupuesto que se aprobó a principios de este año. El desfase económico, aunque compensado en parte por el Estado, va a hacer un ‘roto’ importante en las cuentas públicas, y los niveles de desempleo van a elevarse en cuanto desaparezcan en septiembre los ERTES prorrogados.

Habrá que estar expectante para comprobar qué ofrece exactamente Vara a una oposición que no necesita para reconstruir la región. Pero también habrá que vigilar qué voluntad tienen los diferentes partidos a la hora de participar de un objeto común al que deben sumarse aun cuando el adversario salga favorecido.